jueves, abril 02, 2015

Las reliquias de Las Profundidades

Hace tiempo que no escribo y resulta que Viry, la novia gamer, vio un concurso en Facebook para hacer un fanfic sobre Nami de League of Legends. Me pasó el link y me animó a escribir un cuentito. Y pues aquí está, gane o no gane nada al menos fue un buen ejercicio para volver a la escritura.

Update 07/04/2015: No ganó. Se resumió todo en la capacidad crítica (escasa) de los jueces :)

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Nami
Nami. La Invocadora de Mareas

Mar del Guardian. Habían pasado seis horas desde que Nami abandonó la seguridad de su pueblo. El miedo estaba ganando terreno sobre la determinación que tiempo atrás recorría su cuerpo y comenzaban a surgir muchas dudas sobre la decisión que había tomado: Tomar el lugar de un Invocador de Mareas y encontrar la piedra lunar que salvaría a los Marai.

No habrá piedra lunar sin antes obtener una perla abisal para intercambiarla. Nami pensaba que tomar una responsabilidad doble y de tal magnitud era la cosa más tonta que había hecho en su vida, pero no había marcha atrás. Pensar en su pueblo le daba coraje para seguir adelante y no desistir. Por supuesto que tenía miedo, es parte de cualquier ser vivo, sin embargo no estaba segura de que su poder fuera suficiente ante los peligros de Las Profundidades. Era una Marai joven y con poca experiencia en combate. Confiaba en su entrenamiento y su poder, ella misma sabía que cualquier Marai con poder similar al suyo era ya muy viejo como para sobrevivir una pelea o un viaje tan largo. “Debo ser yo”, pensaba.

Su única compañía eran trozos de coral luminoso que llevaba consigo para iluminar su camino en aguas tan profundas. De vez en cuando se topaba con criaturas marinas que la miraban con curiosidad. Los Invocadores de Mareas se adentran en esa zona cada cien años y observarlos es un espectáculo extraño. Para algunas criaturas es un honor acompañarlos en su camino, pero pronto se alejan sabiendo que su viaje no es el más seguro de todos. Esto le daba a Nami una sensación de falsa seguridad. A veces pensaba que nunca encontraría la perla abisal que buscaba. No sabía ni cómo era ni en dónde se encontraba exactamente.

A tres días de su viaje Nami comenzaba a perder la esperanza. Ella pensaba que había fracasado y no sabía si volver o continuar. Sumida en una profunda tristeza apenas se percató de un sonido a lo lejos. Eran gritos. Alguien pedía ayuda en la oscuridad de Las Profundidades. Nami se ató el coral al cuello y nadó hacia los gritos tan rápido como pudo. No tardó mucho cuando observó a lo lejos un grupo de serpientes de mar atacando a un pequeño pez. Los ojos de Nami se iluminaron de ira al observar esa terrible escena. Agitó su báculo y el agua se agitó fuertemente alrededor de las serpientes. Ellas siseaban a Nami, retándola, pero ella no se inmutó. “¡Largo de aquí!”, les gritó. Y las aguas se agitaron nuevamente. Las serpientes huyeron y se perdieron en la oscuridad.

“¿Estás bien?”, preguntó Nami, con una voz tan dulce que el coral en su cuello se iluminó un poco más y las aguas parecían menos frías. “Sí”, respondió el pez. Su voz se escuchaba rasposa y emitía pequeños quejidos al tratar de hilar las palabras. “Gracias”.

“Estás herido”, soltó Nami, preocupada por haber llegado tarde. “No es nada, pequeña”, dijo el pez, “Sólo una aleta rota y un par de mordiscos”. La verdad es que sus heridas eran graves, pero al ver el rostro preocupado de la Marai, el pez trató de ocultar la verdad. “Finalmente soy sólo un viejo pez, Rag, me llamaban. Ya no puedo vivir en la superficie y mis fuerzas no me dan para volver”.

Nami estaba asustada, así que trató las heridas de Rag lo mejor que pudo. Usando el poder curativo del agua cerró cada mordisco de serpiente. La aleta era otra historia; estaba rota y Nami sólo podía aliviar su dolor, pero no más.

Nami y Rag viajaron juntos un par de días más. La compañía mutua aligeraba un poco el duro viaje de ambos, aunque Rag no tenía ya un rumbo fijo y en una de sus charlas le confesó a la Marai que se encontraba en Las Profundidades para vivir sus últimos días. Esto era nuevo para Nami; ella nunca había conocido a nadie tan consciente de su muerte, pero al mismo tiempo tan tranquilo y en paz. Ella sintió mucho respeto y admiración, pero también tristeza al pensar en que alguien viva sus últimos días en la soledad de un lugar como ese.

“Debemos desviarnos aquí”, dijo Rag. “Hay algo que encontré hace tiempo mientras deambulaba por esta zona y creo que tú le darías un mejor uso que yo”. Nami hizo caso al pez, un poco renuente al principio, pues temía desviarse demasiado de su destino. Al cabo de un par de horas llegaron a la entrada de una caverna submarina. Ambos entraron y a lo lejos, muy en el fondo, podía verse un extraño resplandor. “Es ahí, démonos prisa”, dijo el pez. Cuando llegaron a la parte más profunda de la caverna Nami no podía creer lo que veían sus ojos. Eran objetos dorados, joyas, armas y corales luminosos de muchos colores.

Lo que llamó especialmente la atención de Nami fue una armadura Marai. Ella no tenía la más remota idea de cómo eso había llegado ahí. Le quedaba perfectamente. Más allá, apoyada contra una de las paredes de la caverna había una espátula dorada. Estaba hecha con oro de los abismos. Nami no lo pensó dos veces y la tomó. Era pequeña, pero pesaba casi tanto como su báculo.

Nami apresuró a Rag para irse de ahí, debían continuar su camino. Sin embargo Nami no puedo evitar echar un último vistazo a la caverna y fue así que entre un viejo casco y algunas joyas notó un resplandor muy peculiar. Los ojos de Nami se abrieron como un par de ostras: “¡No puede ser!”, exclamó. “¡Una perla abisal! ¡Eso debe ser una perla abisal! El anciano del pueblo dijo que la reconocería al verla. Esa tiene que ser la perla.”. Nami estaba tan emocionada que no se percató de que las serpientes los habían estado siguiendo los últimos días de su camino.

La Marai nadó hacia la perla y retiró velozmente los objetos que estaban encima, pero tomó la joya con mucho cuidado. La acercó a sus ojos y esta se reflejó en sus pupilas con un hermoso resplandor nacarado. Tan perdida estaba Nami con lo que había encontrado que tardó un par de segundos en reaccionar cuando Rag gritaba desde la entrada de la caverna. Eran las serpientes.

Nami agitó su báculo nuevamente, pero esta vez las serpientes estaban preparadas. Tres de ellas nadaron hacia Nami cortándole el rostro con la punta afilada de sus colas que azotaban como látigos. Los ojos de Nami se encendieron nuevamente. Las paredes de la caverna vibraban y se agrietaban con la fuerza del agua en su interior. “¡Usala!”, gritó Rag. “¿Usar qué? ¿La espátula?”, preguntaba Nami asustada. “¡No es una espátula, niña, es un arma!”. Gritó Rag con sus últimas fuerzas. Nami no sabía qué hacer, tomó la pequeña espátula entre sus manos y creció al tamaño de su báculo. Un resplandor iluminó la caverna entera, el brillo era tan luminoso que parecía que se encontraban en la superficie. Las paredes y el techo se desmoronaron y las serpientes fueron succionadas por un fuerte remolino de agua. Nami nadó velozmente hacia la salida, tratando de alcanzar a Rag, pero estaba tan débil que fue succionado también. Nami sólo pudo observar cómo la caverna se derrumbaba sobre su pequeño amigo.

Nami permaneció durante horas llorando frente a los escombros de la caverna, aferrada a la espátula, su báculo y la pequeña perla abisal.

“No llores niña, levántate”. Escuchó Nami, pero no había nadie. Parecía la voz de Rag, pero era más profunda, sonaba como tambores de guerra. Nami trató de buscar en la profundidad del abismo en el que se encontraba, el pequeño coral en su cuello apenas iluminaba. Poco a poco Nami percibió frente a ella un par de enormes ojos, en un rostro mucho más grande que su propio cuerpo. La pequeña Marai se pegó asustada a las rocas en la entrada de la caverna. “Soy yo, Rag”, dijo ese enorme ser. “Soy el dragón guardián de Las Profundidades y protector de las reliquias del abismo. Tú pequeña, has demostrado ser merecedora de la perla abisal que tienes ahí. Hace tanto tiempo que no venían Invocadores de Mareas”. “Pero yo…”, interrumpió Nami. “¿No eres una Invocadora? ¿Crees acaso que los Invocadores de Mareas reciben una invitación para venir? No niña, es el destino lo que los trae aquí”. Nami estaba confundida, entendía poco de lo que estaba ocurriendo. Finalmente Rag la tranquilizó: “Yo sabía que venías. Todo esto fueron pruebas para ti. Lo lograste”.

Rag dio instrucciones a Nami para volver a salvo a su hogar, además le habló sobre la espátula dorada. “Esa espátula que llevas ahí es una poderosa arma usada por una raza de antiguos guerreros de las profundidades. Consérvala y úsala con sabiduría”.

“Gracias Rag”, dijo Nami. El dragón lanzó una ligera corriente de agua hacia el coral en el cuello de Nami y éste recuperó su intensidad. “Buen viaje, Invocadora de Mareas”, le dijo y se alejó en las oscuras aguas de Las Profundidades.

Nami volvió a su pueblo. Nadie podía creerlo. Muchos pensaban que nunca lo lograría y que no podría volver. La pequeña Marai demostró ser merecedora del título de Invocador de Mareas y fue recibida con gran alegría y admiración. Nami había cambiado para siempre, sabía que era capaz de cosas más allá de su fuerza. A nadie comentó sobre Rag y dió pocos datos sobre su aventura; mantuvo la espátula en secreto. Nami sólo podía pensar en lo que le esperaba allá afuera, en tierra firme. Encontrar la Piedra Lunar sería su siguiente misión y estaba decidida a cumplirla.

LoL Summoner Name: Altereishon.
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martes, marzo 25, 2014

Lo que ha de suceder, sucederá.

Estoy empezando a sospechar que el teatro me gusta por cosas muy diferentes dependiendo del momento por el que estoy pasando. A veces quiero "expresar" y ya, a veces quiero desahogarme... Esta vez no estoy seguro de lo que es. Tal vez, como mencionaba en la entrada anterior, es una necesidad de compartir y compartirme con el otro.

Después de renegar y odiar al teatro ahora me encuentro queriendo volver a los ensayos, esperando el fin de semana y soñando despierto con Agamenón. El mío. Porque sí, existe el montaje colectivo y el que voy creando yo mismo en mi cabeza. Seguro pasa en mayor o menor medida en los demás miembros del equipo.

Lo que me gusta de este montaje (y creo que en general, pero no supe ponerlo en palabras en su momento) es la sensación de intimidad que se genera. Una de las cosas que me sedujeron fue la idea de no haber más de dos actores. He logrado encontrar el placer en compartir con ella todos nuestros miedos, nuestros deseos y alegrías. Ya no sólo es la crítica política, la tragedia humana o cualquier estupidez que pueda describirse en un discurso mamón. Son dos seres humanos existiendo en un momento y lugar tan específico como efímero.

Por eso la relación funciona.

Orestes y las furias.
Orestes y las furias

En el instante en que tengo sus ojos enfrente entiendo cuál es nuestro universo, cuál es mi razón de estar ahí y por qué tengo la necesidad de salir corriendo a sus brazos a pesar del dolor que me genera. Porque es doloroso. Clitemnestra duele. Los deseos duelen.

Clitemnestra significa muchísimas cosas para mi, además de dolor y deseo. Es respeto, fuerza. Clitemnestra son tantas mujeres en el mundo que ahí debe radicar su seducción. Y Agamenón es tan débil junto a ella, tan pequeño. Pero a la vez tan lleno de coraje; de orgullo. Es una pequeña historia del mundo.

Agamenón el enfermo.

Me gusta cómo el texto griego ha dejado de ser un pretexto y se ha diluído con el pasar del tiempo. Ya no es nada, sólo es una alfombra gastada por la cual transitamos. Nos apropiamos y lo hacemos nuestro.

Tenía fe en Agamenón. Aún la tengo. No lo abandoné y no pienso hacerlo. Si por mi fuera lo dejaría madurar poco a poco al paso más lento posible para saborear cada uno de sus matices. Pero no se puede.

Por el momento sólo me limito a pensar en lo que viene y en lo que disfruto del montaje. Aguardo pacientemente por sentir de nuevo su aliento en mi nuca y mis manos en las suyas. Esperar esa mirada, esa sonrisa y decir: "Aquí vamos otra vez".

viernes, noviembre 29, 2013

NARC

You wear those shoes like a dove...

Pues ya. Esperé mucho tiempo el momento de retomar Agamenón, un montaje que lleva ya varios meses detenido y que de alguna manera siento que jamás fue abandonado. Siempre lo tuve presente al menos una vez a la semana. Fue raro.

Como comentaba en mi entrada anterior hay un teatro para mi. Un teatro sin telones, sin butacas, sin "el público"... Sin nada. Casi. Un día, sin más, me entró la necesidad de volver, de habitarme en Agamenón y supe que el teatro jamás pasaría a ser una etapa en mi vida. No se de dónde nació esta necesidad, tal vez del hecho de que lo que estoy haciendo ahora no me significa mucho... Aunque debería.

La noche de los asesinos.

Y digo debería porque es un texto muy cercano a mí, pero a la vez muy ajeno. Me ha sido imposible darle vida a ese teatro, más allá de lo que técnicamente aprendí a hacer.

-- "Sólo hago mi chamba".

Si alguien lee esto antes del estreno, no me hagan caso.

Hoy recuperé la energía, las ganas de hacer teatro, las ganas de llorar, de odiar, de amar. Hoy volví a ser Carlo el actor y dejé de lado (un poco) a Carlo el (próximo) Veterinario.

Hoy mi corazón no falló, ni mi cabeza dolió, ni mi vista se nubló... Ni me sentí de 40 años.

Hoy usé un poco al teatro.

Mi cuerpo estaba ansioso de retomar la obra, de redescubrir los hallazgos que había enterrado y de descubrir los nuevos. Mi cuerpo estaba tan ansioso que tuvo un ataque de alergia durante horas. Necesitaba un nuevo desafío. Necesitaba ponerme a prueba. Necesitaba saber si realmente merecía volver.

Me reté a mí mismo a dejar atrás el miedo al otro (al menos un poco), a los desconocidos, a compartirme, a ser. Fue difícil y no lo logré al 100%, pero creo que dará resultado.

Soy un caprichoso, lo se. Sólo hago el teatro que quiero y por eso estoy como estoy. Jodido, estresado y por momentos deprimido. Pero gracias a eso encuentro la felicidad en cualquier cosa. Como mis gatos.

No le sirvo al teatro, pero aunque no quiera lo seguiré usando mientras me sea útil.

Ya veré cómo me va los próximos días. Será una locura, estoy seguro. Mi cuerpo está muy aletargado y costará trabajo, pero ambos lo necesitamos.

sábado, octubre 26, 2013

Carlo quiere ser Veterinario... Otra vez.

La última vez que pasé por acá aún era un actor de tiempo incompleto.

Sí, resulta que ya no. ¿Qué pasó en estos meses? Fácil, dejé el teatro. ¿Por qué? Estudio Veterinaria.

Muchas personas cuestionaron de una u otra forma mi decisión. Algunas me apoyaron, otras no entendían y a otros simplemente les dio igual. La verdad es que dejé de disfrutarlo. Tengo tantas cosas que decir que ni siquiera se por dónde empezar.

En fin, mi decisión inició cuando me di cuenta de que el teatro ya no me daba nada que me dejara satisfecho, en ningún aspecto, tanto personal como económico. Yo entré al teatro para hacer lo que me gustaba (o eso pensé), pero me di cuenta de que lo que de verdad me gustaba no necesariamente era lo que me hacía feliz. Se convirtió en una obligación, más que un gusto. Me gustaba crecer en los ensayos, aprender sobre lo que podía hacer, conocer mis límites y descifrar cómo superarlos. Eso era lo que me gustaba del teatro, sin embargo la escena no me gusta tanto. Recuerdo que cuando era adolescente e iba al teatro, al cine o al circo veía a los artistas y pensaba en lo mágico que parecía todo ese mundo. Que todos esos seres no debían ser humanos. Que se guardaban en una caja después de función o algo. Era magia. Entonces estudié teatro y descubrí que no hay magia o al menos para mí no la había. Había rencor, competencia, también risas, ¿por qué no?, había amor, matrimonios, supermercado, trabajo, hijos... Realidad. No hay magia en eso. No la hubo para mi. O bueno, no siempre la hubo. Existió magia en tanto disfrutaba mi trabajo conmigo, sin ojos, con mis compañeros, a solas.

Entonces pensé: "¿Qué caso tiene?" Lo importante del teatro es que te vean, ¿no? A mi no me gusta y ya no es por timidez, que después de todo lo que he logrado eso ya no tiene nada qué ver.

Es egoísmo.

Sí, es egoísmo y no me avergüenza decirlo. No me interesa que la gente vea mi trabajo, porque es mío. No me interesa que a la gente le guste o no lo que hago, porque no lo hago para nadie, sino para mí. Vamos, que no me interesa ni siquiera el calentamiento en grupo y eso es, de entrada, un enorme obstáculo. Y aquí viene lo que de verdad hizo que me diera cuenta de las cosas: Disfrutaba el proceso y no me importaba el resultado, por lo que a veces descuidaba un detalle y es que este es mi medio de sustento, según. Lo que a mi me gusta no me genera dinero, porque nunca intenté que así fuera. Así que entre broma y broma me di cuenta de que "necesitaba un trabajo de verdad".

Fue así cómo recordé mi primer pasión. Recordé lo que dio vueltas en mi cabeza durante más de 15 años. Antes de ser actor fui Veterinario. Antes de entrar a la primaria fui Veterinario.

Otra de las cosas que me llevó a tomar la decisión fue lo inútil que terminó pareciéndome el teatro. Yo siempre fui de la idea de que si iba a crecer lo haría en mi tierra, que no necesitaba "ir a donde había chamba", no por falta de ambición, sino por exceso de identidad. Necesitaba ver cómo mi tierra crecía. Sentía que debía cultivarla, pero no sirve porque los obreros están ocupados disfrutando su segregación. Sí, me incluyo. Me cansé también de ver cómo el artista "acciona". "Accionar", que palabra tan puta. Los libra a todos de tomar la responsabilidad social real que debería significar el teatro y entonces se la pasan "accionando" con la única finalidad de que los vean... Los demás teatreros.

Llegué a la conclusión de que yo no estoy hecho para el teatro, aunque el teatro sí esté hecho para mí. Y no me pesa. Tan pronto lo descubrí me liberé de un peso y una presión enormes. Mi personalidad choca con las necesidades del teatro, pero lo que el teatro me ofrece no deja de ser tentador de vez en cuando. Aún cuando llegan momentos como este y decido que es inútil.

Entonces decidí que era hora de dejar de "accionar". Era hora de actuar, de tomar acción. Era hora de dejar de compartir en Facebook cómo maltrataban a un pobre perro y empezar a hacer algo de verdad. Decidí aprender a curar, aprender a tomar acción. Decidí que era hora de que mis "acciones" tuvieran un efecto real en el mundo de alguien. Decidí que era momento de dejar de esperar un aplauso y un oscuro para pensar que mi trabajo estaba hecho. Decidí que hay algo que de verdad me apasiona y eso es la ciencia, la medicina, los animales. Sí, principalmente los animales porque he tenido suficiente de las personas.

¿Ven? Con esa actitud no llegaría muy lejos en el teatro.

Y entonces lo hice. Estoy aprendiendo eso que toda mi vida quise aprender y no logré en su momento porque era demasiado joven e inmaduro para tomar mi deseo y moldearlo con responsabilidad.

Hice mi examen de admisión sin saber que quedaría. Llegué el primer día de clases sin saber cuánto duraría ahí. Ese día regresé a casa feliz, sabiendo que haría algo verdaderamente útil para alguien y que además podría convertirse en mi trabajo.

Cuando estudiaba Medicina un amigo comentó de repente: "Qué chido, vamos a ser doctores". Yo en ese momento no compartí su entusiasmo y decidí salirme. Hoy constantemente me repito: "Qué chido, voy a ser Veterinario".

Me detuve un momento aquí para leer lo que había escrito y veo que cualquiera que no me conoce pensaría que mis palabras están llenas de frustración y rencor. Pero en realidad están llenas de libertad.

Aún tengo proyectos pendientes que no deseo abandonar.  Se que hay por ahí, en algún lugar, un teatro perfecto para mí. Lo he visto, lo he tocado. Sólo es cuestión de volver cuando lo necesite y se que ahí estará, esperando por mi.

Ahora que estoy en Veterinaria recordé lo que es trabajar por algo. Estoy aprendiendo el valor de la constancia. Veo un reto enorme, un reto de verdad. Fácil leer un libro, fácil aprenderme un texto, un trazo y una intención... Lo difícil es hablar de proteínas, coenzimas y carboxipeptidasas. Eso sí es un reto de verdad y ¿saben qué? Yo lo acepto. Estoy en el viaje hasta que no pueda más porque sí, se que también este castillo se puede derrumbar, pero por eso lo estoy cimentando desde ya.

Por cierto, creo que estrenamos en Diciembre. Sin embargo es otro proyecto por el que estoy a la expectativa y si por mí fuera empezaría a trabajar desde ayer.

Hace tiempo que quería escribir sobre esto y cuando lo pensaba hacía una lista enorme de razones para dejar el teatro. Hoy, sin embargo, sólo me limité a desarrollar dos o tres, con sus deliciosas contradicciones entre sí. Todo ha sido muy confuso, pero al menos tengo algo claro cuando veo a los ojos de una vaca lechera. Sigo en la lucha.

Un día de estos contaré sobre cómo me va en la carrera, sobre cómo reprobé y me sentí derrotado, sobre maestros faltos de humanidad y sentido común y sobre cuánto extraño el teatro y esta entrada no es del todo cierta, porque a fin de cuentas no estoy peleado con el teatro, sólo hemos sufrido un disgusto.

viernes, julio 26, 2013

Arabí y el dentista.

Es bien sabido que cuando comes chicles con catsup debes quitarles todos los huesitos. Lo malo es que en la cena de ayer yo lo olvidé y uno de esos huesitos fue a dar entre el quinto y sexto diente de leche. Papá dijo que probablemente me haría daño en el girotálamo, así que no hubo más opción que llamar al dentista; especialmente al notar los puntos azules que comenzaron a salirme en las orejas.

La cita fue programada para el día viernes a las 3 de la madrugada. Dicen que a esa hora los girotálamos brillan más que de costumbre y es más fácil extirparlos. A mí realmente no me importaba, yo sólo quería que los puntos azules desaparecieran. Es más, ni siquiera sabía lo que significaba la palabra "extirpar" hasta que llegó el día de la cita. El doctor le recomendó a papá que antes de llegar al consultorio comprara un tarro grande de mayonesa y lo arrojara por la ventanilla del coche; decía que era para liberar la presión del hueso de chicle entre los dientes.

El día por fin llegó. Yo estaba bastante nerviosa, así que tomé el autobús directo a mi cuarto para dormir un rato. Por suerte el tráfico en el pasillo no era muy pesado y llegué en poco tiempo. Me quedé profundamente dormida. Cuando desperté estaba en el coche y observé justo el momento en el que papá lanzaba con todas sus fuerzas el tarro de mayonesa. Lo seguí con la mirada y noté que estuvo a punto de golpear en la cabeza a un ratón que de casualidad pasaba por ahí. Salió corriendo y relinchando del susto. Pobre ratón.

Cuando al fin llegamos al consultorio los nervios habían desaparecido. Simplemente quedó la sensación de que algo raro pasaría. Tan raro como ver un caballo relinchando como si fuera un ratón. No pude evitar reír de sólo imaginarlo y mi papá me vio chistoso.

De repente sonó en un altavoz: "Arabí de los Collares y Perlas Azules". Era mi nombre. Era mi turno. Entré al consultorio y vi una silla dorada enorme. Podría jurar que medía unos 2 kilómetros y medio de punta a punta. Mi papá me tomó del brazo y saltó para colocarme en la silla. Me dijo que no me asustara, que a todo mundo le extirpan uno o dos girotálamos de vez en cuando y se quedó sentado en un extremo del consultorio.

Cuando entró el doctor papá y yo nos miramos fijamente. Hacía unos ruidos extraños al caminar y tenía un cabello verde que salía desde su nariz y se enredaba en uno de sus zapatos. Era casi calvo y canoso, con unos lentes oscuros y una guitarra que eran lo único que lo hacían lucir como un dentista normal. Me vio de pies a cabeza y dijo: "¿Uno o dos girotálamossssss?". "Uno", dijimos papá y yo casi al mismo tiempo. Tocó una canción de rock en chileno que duraba unos 15 minutos y cuando terminó sacó un imán de su bolsillo. "Di Jotaaaaaaah", me dijo y yo lo hice. Entonces metió el imán en mi boca y el girotálamo se pegó a él de inmediato. Tuvo que pedir ayuda a papá porque era un girotálamo más grande de lo que esperaba.

Al fin, el girotálamo salió. Fue un Girotálamo Ramírez de traje y corbata. El dentista dijo que nunca en su vida había visto uno como ese, pues casi todos llevan ropa deportiva. Lo puso en el lavamanos y se fue por el drenaje. Yo no entendía nada, sólo supe que las manchitas azules se irían en cuestión de minutos. Papá dijo que fui muy valiente y como premio me llevó a pescar guacamayas en el patio de la casa.

sábado, junio 29, 2013

Amanda

Esto ya tiene sus añitos. Sí, soy un ocioso que no se preocupa por arreglar las inconsistencias de la historia. Sobre todo al final, pero ahorita ando ocupado con otras cosas, así que no me importa.

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¿Decías que era muy tarde?... Si no hubieras pensado en comer tanto no estarías hablando tonterías.

Desde hace 6 meses las cosas no han ido nada bien. Después de esa extraña epidemia de tifoidea (que sepa dios cómo llegó al pueblo) ella ya no es la misma. Su rutina diaria de salir a pasear con Rusty se vio sustituida por  largas horas de lectura, seguidas por una siesta que duraba casi hasta el anochecer. Ese verano fue más caluroso que otros años, cosa que la molestaba bastante y ella no dejaba de quejarse: “¡Esto es ridículo!, necesito un ventilador incluso afuera de mi propia casa”, decía, “Y los mosquitos son demasiado molestos”, como si antes no los hubiera soportado de buen modo.

Por las noches nada era diferente. Cenábamos en silencio, un silencio de muerte. A veces temía conversar con ella debido al mal humor que había comenzado a invadir su carácter. Esto me asustaba aún más, pues no sabía con certeza si aquellos arranques de ira eran por mi culpa o no: “¡Si no hubieras pensado en comer tanto no estarías hablando tonterías!”. Hace dos meses, día de muertos, unos niños llegaron a casa pidiendo dinero; cuando escuche el ruido de la perilla de inmediato noté que les pedía que no molestaran y de un golpe cerró la puerta.  En realidad algo andaba mal, pues ella adoraba a los niños. Escuché las voces de los pequeños afuera, en verdad los asustó.

Hace casi un año ella había logrado terminar ese curso de italiano del que se sentía tan orgullosa que no dejaba de repetirme frases básicas en ese idioma, frases que nunca pude pronunciar. Poco después consiguió trabajo en una escuela para dar clases de inglés, pues dominaba ambos idiomas; pero dos meses más tarde cayó enferma, como mucha gente del pueblo, a causa de la tifoidea. Perdió su puesto y se lo dieron a una joven que venía de la ciudad, recién egresada de la universidad.

Su estado era grave en aquel entonces y fue hospitalizada. Fue en el hospital donde recibió por teléfono la noticia de su reemplazo, justificado por un contrato que aún no había sido firmado. Esto la alteró bastante y su estado no mejoró. Estuvo hospitalizada dos meses por sus constantes recaídas.

Rusty comenzaba a extrañarla, pues ahora eran pocas las veces en que siquiera volteaba a verlo. Cada vez que el perro jugueteaba entre sus piernas ella lo alejaba con el pie, sin lastimarlo pero bruscamente. Anteriormente eran una pareja inseparable, pues a raíz de un accidente con un auto ella lo paseaba diariamente a las 11 de la mañana. Ahora el perro parece triste, pues a las 11 de la mañana ya no hay nadie que lo lleve de paseo.

La noche de navidad fue agradable, a pesar de que yo imaginaba lo contrario. Durante todo el día se la pasó en la cocina. La cena que preparó fue excelente, tradicional y nada extravagante. Habló de tantas cosas pero nada que no hubiera ocurrido durante ese día. Yo pensé que era su manera de pedir disculpas, pero todo cambió a los pocos días; todo volvió a ser como en los meses anteriores.

Esta mañana la enfrenté, le hice saber que ya no era feliz y que era mejor arreglar la situación de una buena vez. Ella no dijo nada, me señaló el reloj y entendí que era tarde para llegar a mi consultorio. A medio día tuve que visitar un rancho para revisar el estado del ganado, razón por la que no pude regresar a casa para comer; de alguna manera no quería hacerlo, pues no tenía ganas de verla.

Por la noche, de regreso a casa, observé que las luces estaban apagadas. “Vaya, se durmió temprano”, pensé. Entré a casa y fui a la cocina. No tenía mucha hambre, por lo que sólo comí un pedazo de pan y tomé una taza de café. Me dirigía a la habitación cuando la vi sentada en su mecedora de la sala en plena oscuridad. Di la vuelta y encendí la luz mientras le preguntaba por qué estaba ahí. Al regresar la mirada, ahora con la luz encendida me di cuenta que en la mecedora sólo había una nota que decía:

“Gracias por todo, pero es hora de irme. No te preocupes por Rusty; desde aquel accidente con el auto se negaba a irse sin mí, pero después de mi enfermedad ahora podemos irnos los dos. Tardé mucho en darme cuenta de que ya no podía seguir aquí. Lamento haberte hecho sufrir los últimos meses, pero entiende que yo no sabía que la vida me había abandonado y era difícil para mí continuar contigo en esa situación. Nunca supiste lo que pasó en realidad pues ahora sé que yo aún estaba en mi habitación después de que los médicos se llevaron mi cuerpo. Regresamos a casa juntos porque yo no quería dejarte. Visítame, creo que podrás suponer mi dirección. Con cariño, Amanda.

viernes, mayo 17, 2013

Clive Barker's Jericho


Ayer iba a poner algo acá pero no encuentro en ningún lado la versión completa. Es un cuentito sobre un fulano que fantasea a través de la ventana de un autobús.

En fin, como ya no pude poner nada me puse a jugar Jericho. Ese juego que salió hace ya algunos años para consola y PC. Sí, lo estoy jugando apenas y ya les diré porqué.

Resulta que hace unos años tenía ganas de jugar algo de suspenso, pero que se alejara un poco de Silent Hill y esas cosas. Buscando opciones por internet me enteré de Clive Barker's Jericho o Jericho, para abreviar; leí muchos comentarios buenos y malos y me dio mucha curiosidad pero siempre acababa comprando o rentando otras cosas. Así pasé por Quake 4, Condemned 1 y 2, The Darkness y similares hasta que poco a poco Jericho se me fue olvidando.

No fue sino hasta un día que andaba buscando juegos en un Sam's, me parece y Viry me dice algo así como: "Pues no se, pero el que tengo ganas de jugar es este". Y me enseña la caja de Jericho. Sí, reconozco que escucharla hablar de videojuegos como este y no del mentado Candy Crush me hace sonreír como idiota. Such a turn on.

Pero no lo compré, me llevé otra cosa. Pasó el tiempo y acabé encontrándolo usado en un Game Rush. Ese día tenían promoción de dos juegos al precio de uno, así que me llevé ese y Lollipop Chainsaw por poco más de $300 pesos mexicanos. Si algo compro compulsivamente son videojuegos.


Más allá de las revisiones nunca busqué videos ni trailers ni nada. Me traicioné a mi mismo, pues siempre espero un par de semanas después de los estrenos para saber si compraré un juego o no, a menos que sea un juego predecible como los Call of Duty, Battlefield, Halo, etc. Esos no necesitas verlos antes de comprar pues sabes cómo serán.  Así que desconocía por completo lo que estaba a punto de jugar. Sabía más o menos de qué iba pues había jugado un demo tiempo atrás, nada más. Conocía la estética que manejaba y ya habiendo mencionado eso una de las cosas que me atrajó fue la mente detrás del juego: Clive Barker. No es la primera vez que este señor se avienta al mundo de los videojuegos pues ha escrito cosas interesantes anteriormente. Ya antes había jugado un poco Undying y de no ser porque mi computadora se encaprichó en no dejarme jugar más de 1 hora me habría enganchado con el juego.

Reconozco que a pesar de que me interesaba el título aún no estaba del todo seguro de cuál sería mi experiencia, sobre todo después de los últimos fiascos con su franquicia más famosa. Sí, me refiero a Hellraiser. Pero ya lo había comprado.

Clive Barker's Jericho
¡Aléjate! ¡Aléjate!
Tan pronto empecé a jugar me di cuenta de que no era un juego como otros, para nada. Al principio cuesta un poco de trabajo acostumbrarse a los controles y no me refiero al botón de disparo, recarga, etc, que generalmente es el mismo en todos los juegos, sino al movimiento. El movimiento me pareció demasiado pesado y los personajes se llegan a sentir lentos en ocasiones, situación que se acentúa cuando algún enemigo te acorrala o tratas de moverte de lado a lado para evitar golpes o disparos y tus compañeros están pegados, literalmente, a ti. Para mí ese es uno de los puntos más flojos del juego: La IA en ocasiones se queda viendo como haces gala de tus habilidades con los pulgares o de repente decide que es hora de ir al ataque sin importar más que la victoria. Es ahí cuando tienes que avanzar entre los enemigos para revivir a esos valerosos soldados.

Es aquí donde los programadores agregaron algunas útiles herramientas que los detractores del juego generalmente pasan por alto:

La primera es el control de tus equipos. El escuadrón Jericho está formado por dos equipos: Alfa y Omega. Ambos equipos pueden ser comandados con sólo apretar un botón. Un poco como los juegos de Tom Clancy, por ejemplo, sólo que de una manera mucho más básica. Apretando el pad direccional a la izquierda ordenas avanzar a Alfa y a la derecha a Omega. Lo útil, sin embargo, son los botones de arriba y abajo, con los que ordenas al escuadrón que avance o mantenga su posición, respectivamente. Sí, de repente es como hacer de niñera con los soldados, pero una vez que se tienen dominadas estas funciones es posible crear estrategias sobre la marcha.

Clive Barker's Jericho
Jericho! Take positions!
La segunda herramienta o, mejor dicho, el punto clave del juego es el control individual de cada miembro del escuadrón. Esta habilidad no puede ser usada desde el principio sino que el equipo debe sacrificar algo para poder acceder a ella. Esto te permite tomar ventaja de las habilidades que cada miembro del escuadrón poseé, ya que no todo se trata de balas. Así tenemos a un soldado que puede controlar a un demonio de fuego, otro que puede curar, otro usa la telequinesis, etc. Lamentablemente la IA no está muy enterada de estas habilidades y las usará esporádicamente o, al menos, unas más que otras. Eso sí, al final del juego me vi utilizando a los mismos dos o tres personajes.

Lo que me enganchó al juego fue más que nada la historia. Este escuadrón de habilidades especiales es enviado a una zona donde se registró una grieta entre dimensiones de la que tratará de escapar el Primogénito, The Firstborn o el primer ser creado por Dios. Este ser es tan poderoso que preocupó incluso a su popio creador por lo que fue encerrado en esa otra dimensión y así Dios podía empezar de nuevo, desde cero. Cada determinado tiempo la barrera entre las dimensiones se debilita y The Firstborn trata de escapar. Es entonces cuando el gobierno manda a su escuadrón secreto en turno para darle pelea y devolverlo a donde pertenece.

Y creo que es en este aspecto donde el juego se vuelve polémico. Si bien la dificultad radica más que nada en el control, a fin de cuentas es un juego sencillo. Incluso en la dificultad Hard puedes terminarlo sin muchos problemas. Muchos esperaban (incluyéndome) que el juego los pusiera en aprietos, cosa que nunca sucede. Los enemigos son predecibles: Avanzas un poco, peleas con un montón de malos uno tras otro, terminas, avanzas y repites. Para ser un juego que prometía suspenso y uno que otro susto no pasa de ser un poco repetitivo y si juntamos lo repetitivo del gameplay con lo repetitivo de los escenarios y un final "abierto" que más parece apresurado, pues no cuestiono la decisión de muchos al decir que es un juego pésimo.

Clive Barker's Jericho
No necesitamos tu ayuda.
Finalmente es un juego que te gusta o no te gusta. Así de sencillo. Si eres un fan de Clive Barker la estética te va a dejar satisfecho y pasarás por alto un poco el gameplay, si te gustan las historias más que los disparos pues disfrutarás como si estuvieras leyendo un libro de suspenso. Si te gustan los gráficos y la acción no creo que sea el juego ideal para ti. Personalmente lo disfruté mucho, pero fue porque me obligué a jugar los primeros niveles. Confieso que me arrepentía de mi compra hasta que fui conociendo a los enemigos y sus perversiones. Era como la versión de Clive Barker de La Divina Comedia. Me atrapó y ahora es uno de mis juegos favoritos. Punto extra al jugarlo en un momento en el que los FPS lucen como clones, pues repiten la misma fórmula una y otra vez. Sí estoy un poco defraudado por la dificultad y el terrible final, pero la experiencia de juego superó mis expectativas. 

viernes, mayo 10, 2013

Las 5 chatarras que debo probar antes de morir.

Los que me conocen saben perfectamente sobre mi debilidad por la comida chatarra. Esas cosas excesivamente saladas, grasosas, carnosas y a veces hasta picantes. No soy fan precisamente de la comida muy condimentada, pero cuando el picante está bien balanceado con los demás sabores no lo dudo y devoro lo que sea.

En fin, que seleccioné las 5 cosas que debo probar antes de morir. Esas cosas que por su mezcla de sabores, exceso de grasa, sal o cualidades exóticas debo comerme al menos una vez en mi vida. Y aquí están:

5. En quinto lugar está la bolsa gigante de Cheetos. Ya lo intenté una vez con una bolsa gigante de Totis (frituras mexicanas que compiten contra Sabritas o Lays, en otros países) y créanme, valió la pena. Pero eran Totis de sal, solamente. Sin limón y sin queso. Ahora, la cosa industrializada que Sabritas usa como queso que es 99% sal y lo demás de color y sabor es algo que no puedo pasar por alto y menos si viene en una bolsa de este tamaño.

Cheetos gigantes.

4. Una de mis cosas favoritas es la pizza. De lo que sea y de donde sea. Incluso esa cosa congelada que viene en cajas de cartón y al descongelar y calentar sabe a lo mismo. No le pongo peros a ninguna pizza. Aunque sí tengo mis favoritas. Y bueno, uno no puede ir a la pizzería y pedir una pizza para llevar porque una rebanada de pizza no es lo más cómodo para comer e ir caminando. ¿O sí? Bueno, con estos conos de pizza la comodidad no se pelea con el antojo. Juro que cuando vi el queso ahí seduciendo a mis dientes me perdí por completo.

Cono de pizza

3. En tercer lugar están estas pizzapapas, papapizzas o... Bueno, son papas fritas cubiertas con pepperoni, queso y especias. Se me ocurren tantas cosas que podría echarles encima. Las papas fritas combinan con muchas cosas y la pizza también. Entonces ¿qué pasa si mezclamos ambas?. Y si lo combinamos con una hamburguesa... Empiezo a salivar...
Papas con pizza.

2. Llegamos a los primeros dos y ya tengo mucha hambre. En segundo lugar les tengo estas papas envueltas con tocino. No hay mucho que decir, lo que se ve es lo que hay. El pedazo de carne que más me gusta no es un corte argentino ni un filete enorme y jugoso. Sí, disfruto esos pedazos de carne a medio cocer que al morderlos aún les escurre sangre, pero el tocino es lo que más me gusta. Tiene el balance perfecto entre grasa y sabor; además de ese toque salado que ninguna otra parte del cerdo tiene. Y ahora rodeando unas crujientes papas fritas. Es casi pornográfico.

Papas con tocino.

1. Y en primer lugar el postre. Ya no hay tanta sal y grasa, pero sí mucha azúcar, más o menos. Debo admitir que los cupcakes nunca han sido algo que se me antoje mucho. Y vamos ¿Cupcakes? ¿A quién se le ocurrió semejante mariconada? Son panqués y punto. ¿Muffins? ¿Cupcakes? Todas esas cosas son nombres de princesa para un jodido panqué. En fin, que me encontré con esta cosa hecha de... Mountain Dew y Doritos. ¡Sí! Mountain fucking Dew con Doritos. Podemos reducir la botana de cualquier gamer decente a esas dos deliciosas cochinadas. Ya me imagino el fin de semana gamer empezando con unas papas con pizza para terminar con este delicioso postre. ¿Se imaginan no tener que pasar de la botana al refresco y poder echarse a la boca ambas cosas al mismo tiempo? Cuando el tiempo es crucial en las partidas multijugador no puedes darte el lujo distrayéndote entre apuntar, disparar, recargar, botanear y beber. Enjuague y repita. Esta es la botana perfecta.

Cupcakes de Mountain Dew y Doritos.

Y ya, suficiente de chatarra por hoy. Tengo media pizza esperándome en la mesa y un control de XBox que espera ansioso a que le ponga mis grasientas manos encima.

Con su permiso, me voy.

martes, abril 16, 2013

To be lost in a fairyland.

¡Illya! Mi nombre es ¡Illya!. Ahora lo se, ¿porqué repetirlo? Desde ayer no haces nada más que seguirme y cuestionar mis acciones. Ni siquiera se cómo llegué aquí. Voltea. ¿Un bosque? Eso es un bosque, ¿qué tiene de especial?. Humano. Ni siquiera se lo que eres. ¡Illya!. Deja de repetir eso, quiero irme.

¡No!. Tu tamaño. A veces siento lástima por ti, ¿Acaso no te asustan los animales más grandes?. No. ¿Nunca te sientes insegura?. Nunca. ¿Nunca te has sentido sola?. Illya tiene amigos, amigos que son como ella; ahora estás tú, que eres diferente. Yo no soy tu amigo, sólo quiero irme. ¿Illya?. ¿Qué? ¿Ahora qué? ¿Lloras?... Con eso no solucionas nada. Aunque tus lágrimas... Brillan y con luz propia. Eres rara. Mira, siéntate en mi mano, ¿ves? No soy tan malo, es sólo que no se cómo regresaré a casa. Hace unos minutos estábamos en mi habitación y ahora estamos en este bosque en medio de “no-se-dónde”. ¿Qué es este lugar? Illya vive aquí, con sus amigos. Yo soy Illya. Eso ya lo se.

¿Comes? ¿Qué comes? Kin, a Illya le gustan los kin. Eso que tienes ahí es una fruta, ¿Te gusta la fruta?. ¿Fruta? A Illya le gusta la fruta. Al fin, una piedra. ¿Cuánto habré caminado? Es dura, pero cómoda. Al menos tú vuelas o viajas en mis hombros. Yo, por el contrario, he caminado un buen rato sin un solo rastro que me indique que el bosque terminará. Me siento tan solo.

¿Qué es estar sólo?. ¿Estar solo? Cuando estas con tus amigos, ¿cómo te sientes?. Illya es feliz, yo soy feliz. ¿Y si no tuvieras a tus amigos?. Illya se sentiría... ¿sola?. ¿Estar solo es no tener amigos?. Algo así, ni amigos ni familia, nadie, sólo tú. ¿Tienes familia?. ¿Familia?. Sí, ya sabes, padre, madre, hermanos. ¡Ah! El bosque, el bosque es mi padre. Illya nació de una flor, una flor blanca. ¿Es ella mi madre?. No lo se, supongo que lo es. Y ¿dónde están tus amigos?. En los murmullos. Escucha con atención, ríen. Saben que regresé. Ellos me dijeron que nunca me fuera, pero yo quería conocerte. Porque una vez te vi. Ven, te diré en donde te vi. ¿Me viste?

En este lago podemos ver muchas cosas, Illya te vio aquí. Illya quería saber porqué hay seres como tú, que son como yo, pero son grandes y no vuelan. Lo mismo me he preguntado por mucho tiempo ¿porqué vivimos aquí?. ¿Qué es vivir?. Eso nunca me lo había preguntado, supongo que es existir, estar presentes en todo momento. Disfrutar de lo que nos rodea y, tal vez, sufrir un poco. Antes eras más pequeño. ¿Qué?. Nada.

¿Qué edad tienes?. ¿Edad?. Sí, ¿por cuánto tiempo has vivido?. Illya ha vivido siempre, desde que salió de la flor. ¡Ah!. Entiendo. Illya nunca crecerá como tú. ¿Te refieres a mi tamaño?. Illya siempre ha sido así.

No veo nada en tu lago. ¡No! No puedes ver. No debes ver. Algún día dejarás de moverte, pero Illya no. Yo lo vi. ¿Te refieres a que moriré?. ¿Morir es dejar de moverse? Nunca dejes de moverte. No quiero que lo hagas, quiero que estés conmigo. No puedo. No pertenezco a este lugar y tú no podrías vivir conmigo. Mi mundo te haría sufrir. Ustedes se lastiman, lo veo en el lago. Mis amigos no querían que te conociera, decían que sufriría. Y eso es muy probable. ¿Por qué?. Yo mismo me hago esa pregunta.

¿Porqué hay luz en el lago?. Illya llegó a ti... Desde ahí. Entonces, ¿podré volver si entro ahí? Puedo intentarlo. ¡No! ¡No debes! Dejarás de moverte. Si entras no te volverás a mover. Illya lo vio. ¿Lo viste en el lago? ¿Qué más viste? Dime. Illya no vio más. No quiso hacerlo. A Illya le dijeron que sufriría; estoy sufriendo. De todas formas, quiero intentarlo. No creo que haya otra manera. Entonces Illya no observará. No quiero ver que dejes de moverte. ¡No quiero que mueras!. Descuida, podrás observarme desde el lago. Es frío... No puedo respirar... Me duele.

Él desapareció esa tarde, dejó de moverse. Pero ahora, una nueva flor ha nacido en los lirios del lago. Ha pasado mucho tiempo desde aquella vez. Desde el lago he visto crecer a muchos como él. Creo que esa flor al fin quiere abrirse.

sábado, abril 06, 2013

McKenzie


Hoy te llamas así. 

                              Definitivamente.


Hoy te vi, ¿sabes? Vi tu silueta a contraluz como muchas veces la vi. Vi tu cabello como hace años. Negro.

                             
                                      Vi tu corona.


Me gusta tu nombre. Se que si tengo una hija algún día jamás la llamaría así, por lo tanto puedes quedarte con el nombre.


Mientras te veía entrar al teatro sentí eso que sentí la primera vez que te vi. Al fondo gritaba una guitarra.


                                     No, no gritaba; chillaba.


Estabas acompañada. No era él. Medías menos que antes. No eras tú.


Reconozco que por un segundo consideré la posibilidad de que estuvieras ahí mismo, en el teatro en el que yo estaba. Reconozco que por un segundo esperaba verte ahí. Aún si eso significaba ver en tu mirada la indiferencia que con los años fuiste fabricando.

Pero ¿sabes qué? No me importaría. Tantas veces he respirado tu perfume que ver tus ojos, tu boca y tu corona desvanecida sería un buen cambio.

A veces no basta con escucharte en mi cabeza: "Quiero un disco de At the drive-in". Y después escribir "Did you trip on your shoelace untied?".

Hoy te vi, McKenzie. 

                                                      Gracias, me hiciste feliz por un segundo.


It's in the past... And now we toast.

martes, febrero 12, 2013

Spare me the suspense...



Wait, baby froze in the night

You're late, there's a hole in the sky
No haste, no lesson to lie
Gotta taste that I can't deny


It's been a while isn't it?

Did I tell you about that time when those fish were talking about flying castles and giants? It was in my room... And we were sitting on the floor.

I don't remember very well but the fish... God! They remember.

And then the flashlights started to burn my eyes. My hands were sweating. It's weird how things came to this, with me talking about fish and flashlights... But the truth is that i needed a fucking way to start talking about fish, flashlights, and maybe sirens.

Yes sirens.

Like those kind of sirens walking over cold mountains. Those kind of sirens who don't know why they can walk. And they don't give a shit.

Last week I was running around a giant pool filled with green paint. I was running and running and running. And then this feeling came to me and the sensation that I had to scream my fears to the little sheep that was watching me running.

So I pull out my tounge and put it under my bed. I won't need it for a while.

I played dead for a couple of days.

Sirens swimming in green paint...

Someone told me about one with a pair of striped pants.

When one of those hugs you is like the end of all suffering. - He said-. Is the end of pain, fear. Is the end.

The end... Under a tree.

Pretty eyes. Under a tree.

Nice ending.

Under a tree.

I think I will never forget it.


viernes, septiembre 21, 2012

Saikano. La última canción de amor.


Hace tiempo leí en una revista, creo que una Shirase, sobre Shin Takahashi. Mencionaban más que nada sus trabajos y colaboraciones, pero no profundizaban mucho sobre ellos. Lo que sí hicieron fue darle especial atención a su más reciente trabajo, en aquél entonces: Saikano.

Saikano o Saishuu Heiki Kanojo (最終兵器彼女), traducida por acá como "Mi novia, el arma definitiva" es un manga que habla sobre el amor, noviazgo, relaciones de pareja, juventud, adolescencia... Sí, como muchos otros. Lo que llamó mi atención en aquél momento fue que se trataba de un seinen, algo que andaba buscando desde hacía rato, pues ya había leído un montón de otras cosas y necesitaba cambiarle. El artículo venía acompañado de algunas imágenes que me intrigaron bastante: Trazos sencillos, un estilo de dibujo si no realista, al menos no era caricatura.

Pasó el tiempo y me encontré de repente con el anime. Era hora de echarle un vistazo. Lo primero que vi fue el trato que les da Takahashi a los personajes. Por supuesto que son estereotípicos, sin embargo la manera en que están manejados los hace lo suficientemente creíbles como para olvidar que estás viendo anime. Para ser una serie de escasos 13 capítulos el ritmo es lo suficientemente pausado como para seguir la historia poco a poco sin aburrir. Los animadores se tomaron ciertas libertades como para no hacer necesario leer el manga para entender la historia, pero la escencia de la versión impresa se mantiene en todo momento.

Finalmente Editorial Vid tuvo la buena idea de publicar el manga. Fue la última publicación de la que compré todos los volúmenes, pues sus 7 tomos me hicieron muy fácil seguir comprándola. Lo intenté con Monster, pero la falta de dinero y su extensión me obligaron a desistir. Ya no me compraba mangas con el dinero de mis padres.

Y aquí fue donde me hice fan de Saikano. No fueron las batallas, las armas ni la guerra lo que me atrapó, fueron sus protagonistas y todo el universo que existía entre ellos. A diferencia de un shoujo, Takahashi maneja muy bien los momentos de tensión, drama y romance. Ese balance es algo que cualquiera agradece.

La historia se desarrolla en una pequeña ciudad de Hokkaido durante una guerra entre Japón y un enemigo aparentemente extranjero (o una coalición extranjera) del que no se hace mayor mención. Sin embargo su presencia es parte fundamental de la historia.

En medio de esta guerra aparece la historia de Chise y Shuji, dos estudiantes de tercer año de instituto que, gracias a un atrevido movimiento de Chise, comienzan una relación.

Chise es el estereotipo de la niña torpe, enamorada de Shuji, pero tímida y callada. Es debido a esa timidez que comienza a escribir un diario en el que escribe todas las cosas que no le puede decir a Shuji en persona. Este diario cobra bastante fuerza en la versión animada.

Shuji, por su parte, es un estudiante promedio, bueno en los deportes y con un cierto atractivo para las chicas. A Chise le cuesta trabajo acercarse a él al principio, no por una actitud prepotente de Shuji, sino simplemente por su carácter extrovertido y hasta cierto punto despreocupado.

Hasta aquí las características comunes a cualquier manga/anime. Lo que me gustó mucho fue el uso de las metáforas en el manga y que se mantienen, hasta cierto punto en el anime.

Estamos ante una historia llena de secretos; secretos dolorosos, todo en medio de una guerra contra un enemigo desconocido. En primer lugar la lucha de Shuji por apoyar a Chise aún sin saber qué es lo que pasa en la mente de ella. Durante los primeros capítulos Chise pasa de ser una niña torpe y callada a una niña no sólo torpe, sino que se va debilitando poco a poco por razones hasta el momento desconocidas.

Y por el otro lado está Chise quien, después de por fin lograr uno de sus desafíos más grandes (hacerse pareja de Shuji) un día despierta con un secreto que decide arrastrar con ella con tal de proteger y hacer llevadera la relación con Shuji.

La guerra de Japón es un reflejo de la guerra que ambos personajes han comenzado entre ellos. Una agencia del gobierno japonés secuestra a Chise y, después de una serie de experimentos (de los que tampoco se hace gran mención) la convierten en el arma definitiva que podrá defender a Japón de ese enemigo desconocido. Un enemigo desconocido con el que Chise tendrá que lidiar prácticamente sola. Chise no sabe qué pasará si confiesa a Shuji lo que le ha ocurrido, empieza ahí también su guerra personal.

Lo que le ocurre a Chise es que su cuerpo ha sido violentado, mutilado, transformado por un hombre a quien ella ha llegado a conocer muy bien. Este hombre está representado por Kawahara, jefe del proyecto que convirtió a Chise en un arma y que se ha convertido en una figura siniestramente paterna para Chise.

Las heridas psicológicas que ella ha sufrido tras los experimentos con su cuerpo se hacen visibles con una cicatriz en el pecho casi infantil de Chise.

¿Cómo le dice a su pareja que su cuerpo ha sido violentado de tal manera? Tras un bombardeo en la ciudad, Shuji descubre a Chise parada en medio de los escombros, con la mirada perdida y las cicatrices en su cuerpo, en forma de un enorme cañón en su brazo y un par de alas metálicas. Todo comienza a cobrar sentido para Shuji.

Aquí es donde el manga me atrapó definitivamente. Shuji hará todo lo que esté a su alcance para que Chise olvide lo que han hecho con ella, cosa que a lo largo del manga va siendo cada vez más difícil y termina decidiendo sólo ayudarla a sobrellevarlo. El daño en ella no tiene arreglo.

Chise poco a poco va siendo devorada por lo que le hicieron en el pasado, al grado de no pensar ya en el bienestar de los demás. La convirtieron en un arma, amargaron sus mejores momentos y los demás tendrán que pagar las consecuencias.

Con el tiempo y gracias a Shuji, Chise logra sobreponerse del daño que le hicieron, sin embargo nada de esto fue gratis. Chise tuvo que sufrir mucho para al fin darse cuenta de que el futuro entre ella y Shuji es más brillante que toda esa amargura que ha guardado durante tanto tiempo.

El final entre el manga y el anime es distinto, sin embargo la interpretación que se puede dar es muy similar. Las ciudades, países, la humanidad misma y todo al rededor de Chise y Shuji queda destruído, sea por un desastre natural o por Chise misma. El único sobreviviente es él.

El universo entre ambos queda reducido a sólo ellos dos. No existe nada más y esto es acentuado por el fondo blanco en las últimas escenas. Por supuesto que no hay nada más, cualquier problema en su futuro lo afrontarán el uno al lado del otro. Chise ha logrado destruir la barrera que no le permitía ser feliz a lado de Shuji. Ha logrado destruir el pasado que tanto dolor le causaba y ha dejado atrás a todos aquellos que le hicieron daño. Sólo quedan ellos dos.

Las metáforas en este manga son profundamente bien elaboradas. Están pensadas para que no nos demos cuenta de lo que realmente le ocurrió a Chise y pensemos en que sólo es un experimento del gobierno con un cañón y alas metálicas pero, ¿qué hay más allá? ¿Qué hay cuando quitamos todos los adornos a la historia? Queda una historia descarnada con una pareja de chicos que tienen que lidiar con un pasado lleno de heridas.

Y es por eso que Saikano es mi manga favorito, lejos de Evangelion que no busca metáforas, sino que lanza tiros y tiros al aire buscando pegarle a algo. Saikano muestra la humanidad de los personajes realizando la operación inversa, despojándolos de su humanidad, volviéndolos máquinas.

viernes, septiembre 14, 2012

Segundo impacto

Me acuerdo de mis épocas ñoñas... Más ñoñas que ahora, creo. Me gustaba escribir fanfics y esas cosas que a nadie le interesan, pero todos fingen que sí, para que de esa forma podamos pedir que nos lean.

Siempre he sido fan de Evangelion, aunque no creo que sea la máxima representación del anime. O sí, no se. Tal vez era mi edad y las cosas por las que pasaba la primera vez que lo vi. Seguramente como a la gran mayoría de los fans les sucedió; después de todo, no son gratuitas todas las referencias a la psicología y demás. Esta serie me hizo experimentar un montón de sensaciones, cosa que nada había logrado en mucho tiempo. Por eso me sigue gustando.

Por aquellas épocas escribí esta carta, un poco basado también en algunos libros que tenía mi papá sobre la segunda guerra mundial.

Era perceptivo y sensible. Creo que si intentara hacer algo similar o mejorar esto sería muy difícil. Así que mejor lo dejo como está, a fin de cuentas lo escribió alguien de mi edad, en aquél momento.

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Septiembre 13, 2001.

Hace exactamente un año que ocurrió la catástrofe. Aún hoy, cuando abro los ojos por la mañana, puedo ver ese resplandor por todo el cielo.

En aquél entonces yo vivía en una provincia cercana a lo que en algún momento fue la metrópoli de Tokyo. En ese lugar pocos habitantes profesábamos el catolicismo; la gran mayoría eran budistas  y sintoístas. Fue desde la llegada de mis abuelos desde Italia que nuestra familia se convirtió a otra religión

Mi círculo de amigos se conformaba de cuatro jóvenes, incluyéndome a mí. Los otros tres eran: Takashi Tomiyama, el líder del grupo y más popular entre las chicas. Después estaba Mamoru Kobayashi, el protegido de todos debido a que no era muy fuerte; era pequeño de estatura y un poco introvertido. Por último está mi mejor amigo, Takateru Shirakawa, a él sólo le interesaba sobresalir en los deportes y gustaba de enfrentar todos los retos que se le presentaban.

Hacia 1998, Mamoru se fue a vivir a China, debido a que habían trasladado a su padre a trabajar en ese país; todos nos preguntábamos cómo le iría al pobre chico en un país distinto, pero siempre confiamos en que lo lograría.

Un año después siguió Sempai Tomiyama; él se fue a vivir a Hokkaido pues le ofrecieron una beca por 3 años en una universidad cerca de esa región. No nos dijo nada hasta el último día. A pesar de todo no era tan fuerte como aparentaba y le dolía abandonar su lugar de origen. Por último sólo quedábamos Shirakawa y yo. Durante ese año no ocurrió gran cosa, todo transcurría como siempre; tanto como si nuestros dos amigos siguieran con nosotros.

Fue en esa época cuando aprendí muchas cosas de Shirakawa; él me enseñó que cuando alguien tiene que irse lejos nunca regresará con las manos vacías, pues traerá muchas vivencias y transmitirá lo que haya experimentado. Sigo agradeciéndole esas palabras, pues me han ayudado a sobrellevar lo ocurrido un año después.

Era el día 13 de septiembre del año pasado; yo estaba con Shirakawa en el centro de videojuegos. Repentinamente las máquinas comenzaron a fallar y el piso a sacudirse; el pánico no se hizo esperar pues era obvio que se trataba de un terremoto. No pasaron más de dos minutos para que nos diéramos cuenta de nuestro error.

Al principio el cielo comenzó a oscurecerse, mientras todo albergaba una aparente calma; la electricidad regresó y la tierra dejó de temblar. Recuerdo que Shirakawa comentó: "Increíble, un terremoto y un eclipse al mismo tiempo", a lo que yo le contesté que nadie había anunciado nada sobre un eclipse.

Justo en el momento en que terminaba de decir esto, ambos giramos la cabeza hacia el cielo y notamos una extraña figura formada por varios rayos de luz. Después de esta aparición una serie de explosiones estremeció la tierra; los escombros volaban por todas partes. Shirakawa corrió hacia mí y me lanzó lejos de donde me encontraba; los escombros cayeron sobre él justo antes de que todo estallara a pocos metros delante de mí. Fueron esos pocos metros a los que me empujó Shirakawa los que me salvaron la vida.

Más de 3000 personas murieron frente a mis ojos, incluyendo a mi mejor amigo; yo sólo salí con varios huesos rotos. Después de la explosión no supe nada más, pero de alguna manera me encontraron entre el concreto y metales retorcidos. Desperté pocos días después en un hospital improvisado; mis heridas se infectaron y tuvieron que amputarme un brazo.

 Pocos meses después los medios de comunicación que quedaban comenzaron a dar el anuncio de que lo ocurrido había sido causado por la caída de un meteorito sobre la Antártida y que fue algo similar a lo ocurrido 65 millones de años atrás, cuando se extinguieron los dinosaurios. Nunca se dio explicación alguna a las formaciones de luz en el cielo.

Según mi religión, este pudo haber sido el Apocalipsis narrado en las sagradas escrituras; por lo que oré durante mucho tiempo para que la tragedia nunca volviera a ocurrir.

En la actualidad casi nada ha logrado reponerse a esos acontecimientos. Yo vivo en un albergue ubicado en lo que alguna vez fue el distrito de Nerima. No he logrado reponerme de mis heridas físicas y mucho menos de las psicológicas, pero puedo decir que, gracias a Shirakawa, aún estoy vivo.

Hace poco me enteré de que ninguno de mis amigos sobrevivió a lo que los científicos llamaron “El segundo impacto”, así que recé algunas plegarias para que descansaran en paz. Mi familia tampoco sobrevivió y yo fui el único de tres hermanos que aún se encuentra aquí.

Puedo decir que, a los 17 años de edad, he vivido el infierno y he madurado unos seis años.


Kei Sawaguchi  13/09/2001

lunes, septiembre 10, 2012

Always malaise.

               Chasing my damage...


                                      Because I was... The man I am...


Otra vez Interpol revolviendo mis posts.

Algo que odiaba era que la gente diera por hecho cosas sobre mí sólo por cómo me comportaba con ellos. Sólo por ser amable ya era amable en la vida. Sólo por ser generoso ya era generoso en mi andar diario.

Lo detestaba. Me presionaba tanto.

A veces me parecía un poco interesante y no sabía por qué.

La mayoría de las veces era el obstáculo más grande en mi formación como actor. Todavía lo es, pero ya no es tan grave.

Y no era por tratar de cumplir con expectativas. Eso sí pasó, pero por razones totalmente distintas. Era porque yo mismo creía que tenía la obligación de ir de acuerdo a una idea preconcebida de quién y qué era yo. Idea preconcebida del mundo, no mía, claro. Me daba la sensación de que si no era así algo podía pasar y no quería investigar qué.

Por supuesto que muchas cosas podían pasar. En primer lugar estaría más cómodo habitando mi piel. Eso, de entrada, ya era bastante.

¿Por qué tengo que saludarte si no me interesa o no tengo idea de cómo hacerlo? Generalmente es lo segundo. No se tratar con la gente; mis habilidades sociales son menos que básicas. Así que ¿por qué he de forzarme a hacer algo que no se? Lo intentaré cuando no me vea obligado a hacerlo, cuando yo lo decida. 

Saludar es un ejemplo. Otros serían sonreír, aceptar hacer un favor, rechazar una invitación... Etc.

Al diablo lo políticamente correcto.

Nunca he dicho que no sea egoísta. Tú, más que nadie, lo sabes. ¿No?

Siempre he sido así. Pero no siempre por fuera. Por eso he estado solo la mayor parte de mi vida. Sin contar a dos o tres personas que llegaron y se quedaron. A pesar de todo.

Por eso no los dejo ir.

Que difícil es escribir sin metáforas.

Tal vez por eso esto no fue publicado cuando lo escribí. Es difícil leerlo y no creo estar listo para publicarlo ahora.

La metáfora me permite hablarme de una cosa y hablarle al mundo de otra. Hace las cosas más fáciles. Siempre ha sido así. No es por miedo. Sólo le permito al lector leer lo que quiere mientras yo digo y saco todo lo que necesito sacar. Todos contentos.

Además es interesante recibir múltiples lecturas de algo personalísimo. Es como si el lector se apropiara de lo que siento e hiciera suyo el sentimiento. Le agrega sus dolores, sus tristezas, su alegrías... Sus monstruos.

Es como crear un mutante.

Pero hoy no.

Si no publico esto hoy no es por mí. Es porque finalmente soy un ser humano y no soy tan frío como pareciera.

Seré egoísta, pero también prudente.

El internet es enorme, pero también acorta distancias.

jueves, septiembre 06, 2012

El destino de los conejos


En el momento en que la luna es el único farol en el cielo, el conejo sabe que es hora de despertar. No hay mejor hora para los conejos que la hora en que el cielo se torna índigo.

El conejo salió de su agujero en el árbol y caminó lentamente hacia el lago. Dando largos pasos con sus enormes patas. Olfateando el aroma de los pinos alrededor y sacudiéndose la corteza del árbol que al salir se le había pegado al cuerpo. Con mucho cuidado tanteaba el terreno, pues sabía que de vez en cuando la tierra puede desaparecer bajo sus pisadas. Los conejos tienden a caer repentinamente en la tierra y nunca más se los vuelve a ver.

El conejo de esta noche tuvo suerte. Llegó al lago sin que fuera tragado por la hierba.

Ya en la orilla, el conejo bebió un poco. Después levantó la cabeza y estiró el cuello tan alto como pudo. Su cuello serpenteaba mientras subía más y más y finalmente se detuvo cuando vio la luz de la luna alumbrando las copas de los árboles. Tomó una gran bocanada de aire y volvió la cabeza al lago. Miró a ambos lados y, tras asegurarse de que no había nadie cerca, caminó sobre el agua hasta alcanzar el centro del lago, encogió sus patas, abrió sus enormes alas y levantó el vuelo. En el aire, el conejo rugió como sólo los conejos pueden hacerlo y sus ojos se iluminaron de un azul oscuro como sólo los ojos de los conejos se pueden iluminar. El conejo giró su cuerpo hacia el bosque y con un movimiento de sus alas le dio a este la última brisa del verano.

Como cada año, al final del verano, un conejo se va despidiéndose del bosque y nunca nadie vuelve a verlo.

Ese es el destino de los conejos.

jueves, agosto 02, 2012

Instrucciones para volar sin aire.

So, do you know what is stupid?

                                             The shivers...

              Cold.

                          No tengo dedos.

Kiss my tongue, please.




Y entonces pensé: "Sólo son ganas de vomitar".

                                                                         ¿Cómo lo haces?



Imagina una bestia de seis patas. Móntala y pídele que te lleve a donde ella quiera. 

                   Abre grande.

Arranca sus dientes y cómetelos.


A veces la manera más fácil de volar es enterrando tus pies lo más profundo que puedas en la alfombra. Mientras más polvo saquen tus alas mayor será el tiempo de vuelo.

        "Instrucciones para volar sin aire".



The water is so hot out there. Useless.

                                                       It's not a matter of fear. Not just fear.

                          It's dark outside...


           And cold.



¿Recuerdas cuando...

                                    No. Y no me importa.



C'mere. You're warm, kitty. It's a bloody mess here. Having fun?


Aquí es cuando tu cabeza gira de adentro hacia afuera.

                                             Dizzy...

Sólo son ganas de vomitar.

                                                        It's not a matter of pain, either.

    Ni de tí, ni de mí, ni de nadie.


It's about this, and that.

Después de correr durante horas al rededor de la casa volvió a entrar. Tenía lodo hasta las rodillas. Estaba caliente. En realidad no sabía si era lodo o era otra cosa, pero por la mirada que la abuela puso sobre ella sabía que tenía que limpiarse de inmediato. Se sacó sus botas de hule y las dejó junto a la puerta, se sacó sus guantes y los tiró a la basura. Se sacó su impermeable y lo colgó en el lavamanos. Sólo se dejó su sombrero. Su sombrero impermeable amarillo.

-- It's a bloody mess here. It was fun --

Mr. Fingernails was there, waiting for her in the bathtub. She also help cleaning him.

-- A bloody mess, indeed -- He said.

Le quitó casi toda su mugre, la comida al rededor de su boca y las migajas de pan en su barba.

Y también se limpió a sí misma.

Pero el lodo estaba más caliente que el agua. Prefería no quitarlo todo.

Había lodo en el paraguas rojo. Seguía caliente.


Mr. Fingernails. You're delicious.


                                        And the water.

                                                                   And the water too.


               ¿Recuerdas cuando...
                                                                                    Sí. Fue bueno.

Olía a carne y aceite.

          Sólo son ganas de vomitar.


La abuela lavaba sus botas de hule con una esponja que no existía. Las enjabonaba y enjuagaba una y otra vez. Las guardó bajo el cojín de su sillón.


                                               It's not a matter of anything.




It's just a matter of this and that. There and here.


You can scratch it from the inside kitty. It's ok with me.



Not outside... Not anymore.

                       And now is ok with you.

miércoles, agosto 01, 2012

Keep it clean


It's alright...

Sí sabías que a veces lo que más nos duele es lo que más dentro de nosotros guardamos, verdad? Que a veces no dejamos que se vaya, por mucho que duela, verdad?

Sí sabías que a veces nos morimos de miedo de tan sólo pensar que ese recuerdo o sensación podría irse para siempre, verdad?

Si no lo sabías no importa, quizás eres de esos afortunados que no se preocupan por tonterías como estas. Pero no me malinterpretes, de aquellos que sí lo hemos hecho, no a todos nos gusta revolcarnos en el dolor. Sólo digo.

Hace un par de semanas, en el taller de Diego Piñón, me di cuenta de que el dolor también me construye. Se que sin mis miedos, sin mis profundos temores, no sería la persona que soy ahora. Sin lo que me hace rabiar desde lo más profundo no existiría cómo existo en este instante. Ni siquiera estaría escribiendo aquí.

Hay miedos que podemos sacar de nosotros y podemos crecer muy bien sin ellos, pero hay otros enraizados tan dentro y tan reconocidos por nosotros que no sabemos lo que seríamos si no estuvieran ahí. No sabemos si podríamos seguir avanzando porque no tendríamos idea de hacia dónde hacerlo. Son esos miedos que nos empujan y nos obligan a seguir caminando. Avanzamos así duela o no porque en algún lugar muy dentro de nosotros creemos que el dolor no puede ser eterno y algún día desaparecerá... Algún día.

Y sí... "Algún día" llegará, pero estoy casi seguro de que será más tarde que temprano.

Puta fe.

Pero somos inteligentes, sólo que no lo sabemos. Seguramente en muchos momentos del día esa fuerza para arrancar ese profundo dolor aparece como chispas imperceptibles, pero estamos tan perdidos en el mundo que no las veremos jamás. Sí, somos inteligentes y algo ahí dentro nos dice en todo momento qué y cómo podemos arrancar tal o cual cosa con el único fin de evolucionar poquito a poquito. Sólo que el mar exterior es tan inmenso y nosotros flotamos tan bien en su superficie que bueno, ¿Para qué sumergirse en la oscuridad cuando el sol es tan cálido y brillante?

Sólo digo.

Entonces cerré mis ojos y me puse a pensar... Bueno, en realidad ni siquiera lo pensé, sólo ocurrió. Si esos miedos, si ese dolor, si esa indignación no pueden ser arrancadas pues entonces qué diablos, dejemos que salgan, que se asomen.

Si son parte de mí entonces que existan. Si me han construido a mí pues entonces yo también puedo construir con ellos. Sería estúpido pensar que son más fuertes que yo sólo porque las raíces son profundas. Al contrario, yo les di las raíces, yo decido.

Yo decido que aún si no me canso de mis algún días no tengo porqué tomármelos tan en serio. Tal vez ellos son esas raíces profundas de todo lo demás. Las raíces no siempre se ven y cuando lo hacen sólo son pedazos. Y llenos de tierra.

Pues que ahí se queden.

Alguna vez yo mismo me enterré. La tierra era tan húmeda y fría que me dolieron los pies y dejé de sentir un dedo.

Gracias Interpol por hacerme divagar otra vez.

Vuelvo a leer esto y es como si hablar de temor o indignación o lo que sea fuera cualquier cosa. Pero yo hablo de lo más profundo, de lo que le da sabor a nuestra sangre, los dolores ancestrales, impresos en los genes. Así de oscuro puede tornarse ahí abajo y por eso da tanto miedo desprenderse.

Es lo que nos acerca tanto a nuestro lado animal. Lo que me ha apasionado tanto de unos meses para acá.

Pero eso es otra cosa, creo. No se.

No, no se.