viernes, diciembre 28, 2007

Where's your dignity?

Dignity... Oh yeah!

Pero bueno, no estoy aquí para hablar del Dignity Tour (ya casi es enero).

Es que me puse a pensar en muchas cosas que me dan vueeeeltas y vueeeeltas. Usaré un interlocutor imaginario, creo que todo se me hará más fácil.

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A veces no te das cuenta de lo que significas para alguien, dan todo por tí, hasta donde pueden, considerando que eres alguien cuya cabeza madura cada vez más y más. Y entonces se dan cuenta de que las personas en realidad nunca cambian, simplemente disfrazan lo que son por un bien común: La buena convivencia.

Cuando te das cuenta de eso no sabes si apelar al sentido común de un par de personas (o grupo aislado de personas) o a la simple hipocresía por conveniencia. Es como si fuera un común acuerdo: Soy hipócrita porque así las cosas serán más fáciles para ambos (o para ese grupo aislado de personas).

Entonces llegas a un momento de tu vida en el que las personas que te orillaron a tomar dichas decisiones de hipocresía acordada no están. Vuelves a tu estado anterior en el que nada te ata a nada. Te sientes "libre". Pero no lo eres, eres esclavo de un pasado en el que no piensas más o quieres olvidar. Eres esclavo de tus decisiones anteriores, de todas las palabras que les dijiste a tus familiares y amigos, hirientes o no. De todos los golpes o abrazos que diste. De todos los besos y gestos obscenos. Tienes un pasado. En este momento tienes dos opciones: Traicionar ese pasado o cosechar sus frutos.

Si hiciste mal antes, ten por seguro que todo se olvidará; a nadie le importará que traiciones eso. Pero cuando volteamos la cabeza y vemos que todo lo positivo fue traicionado también, que todas las palabras que te convirtieron en alguien de confianza son dejadas a un lado porque simplemente tú así lo quisiste, eso de verdad duele.

Tal vez ellos no piensen que fueron traicionados literalmente. Sin embargo ese pasado que fue construído en aras de un futuro aún mejor fue dejado atrás y olvidado. Traición no, pero observas sus caras y entonces puedes ver la incertidumbre en sus rostros. Esos rostros que gritan ¿en dónde estás? ¿en qué estación de tren me dejaste olvidado?

Y entonces lo entienden todo. Con una sonrisa en los labios y una lágrima en el rostro te dicen: Tus nuevas decisiones no me incluyeron ¿verdad?

La parte difícil es hacerse a la idea de que así son las cosas. Y los demás no podrán hacer nada en cuanto a tus decisiones. Dolerá, mucho... Pero así son las cosas. Con el tiempo lo entenderán, no sin antes preguntarse: ¿para qué hice/dije esto o aquello?

No se arrepentirán, pues saben porqué lo hicieron... La pregunta que les queda es esa: ¿para qué lo hicieron?

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Una de las cosas que aprendió este ser humano durante este año fue que debe haber renovación. Lo sabía antes de que el año iniciara y lo empieza a comprender ahora. Lo que sabe ahora es que el próximo año será el año del desapego. El desapego no involucra sólo objetos materiales, sino también personas e ideas (ideas como el "pasado").

Dejar atrás a quienes te hirieron, no sin antes perdonarlas. Dejar atrás lo que te sujeta a este mundo material, no sin antes aprender de ello.

También volvió a pensar en esa idea que consideró loca en algún momento: La vida son ciclos de 7 años. Y mira, lo que son las cosas, se dió cuenta de que el momento de renovación y desapego comienza poco antes de que ese ciclo se cumpla.

Las cosas no volverán a ser las mismas, sino que estarán cargadas de un pasado. Un pasado lleno de dolor y alegría, como debe ser. Eso es lo que significa la renovación.


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Now playing: Malice Mizer - Sadness
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martes, diciembre 18, 2007

El cuarto de siglo...

Ja! Me pregunto si mi crisis es esa idea que me ha dado vueltas en la cabeza las últimas semanas; idea que cobró fuerza después de enterarme del nuevo humanito que tendrá la desgracia de caer en este mundote, perdido de por sí.

Y es que no creo que en realidad haya una "crisis de equis edad", esas las inventamos nosotros. La cosa es que sí llega ese momento crítico en el que se marca una línea en el antes y después de nuestras vidas y eso; línea que también trazamos nosotros. En realidad la vida es una línea contínua, pero vista desde ese punto de vista técnico en el que una línea es una sucesión de puntos, puntos únicos por sí mismos y que no siempre tendrán la misma naturaleza.

Sólo se que mi futuro personal es claro: Seré feliz y estaré satisfecho con lo que he hecho. Por eso no me preocupo pensando en eso.

Mi pasado es eso, pasado... Cosas que influyen en gran medida para mi futuro.

Y mi presente... Bah! Ese se va tan rápido como llega. Yo creo que mi presente se define por la manera en que tomo mis decisiones pensando en mi pasado y mi futuro. Decisiones que necesariamente deben tener algunos puntos en común con lo que hice y con lo que quiero hacer... A eso yo le llamo "No vivir a lo wey".

Es que cuando era adolescente escuchaba esas tonterías de "Vive como si cada día fuera el último de tu vida" o "Disfruta tu vida al máximo" y mierditas parecidas. Eso es tan subjetivo que cuando alguien lo lleva a cabo siempre se vuelve patético (en el buen sentido). Hasta yo lo era... Eso sí, yo veo el día a día siempre como un volver a empezar, cada mañana son los primeros minutos de juego de Chrono Trigger (analogía gamer), pero siempre con un save de respaldo jaja.

Yo creo que para disfrutar tu vida debes actuar inteligentemente (no confundir inteligencia con ñoñez, que flojera), analizar todas las encrucijadas que se te ponen enfrente para tomar siempre la decisión menos peor. O sea... Vivir echando las cosas a perder lo mínimo indispensable; pasar el límite ya es ser idiota jaja. Creo que actualmente la gran mayoríra vivimos así. Ni de loco se me ocurriría pensar que soy único.

Mi vida familiar es estable y la de pareja inexistente. Creo que esa última es la que sacrificaré o al menos parece que así serán las cosas... Supongo que esa no es compatible conmigo, aún así yo lo llegue a desear por momentos. Qué le vamos a hacer?

Volcar los impulsos de una vida de pareja en una vida de superación espiritual? Tal vez... Al menos ya empecé con eso, sólo me faltaría tomarlo más en serio.

La otra opción es cumplir con mis metas profesionales, que son reales y tangibles. Tal vez escribir esos libritos que dan vueltas y vueltas por el Word.

Tengo tanto que hacer que creo que moriré jóven XD

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Now playing: From Autumn To Ashes - Short Stories With Tragic Endings
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sábado, diciembre 15, 2007

Improvisa! Improvisa!

De repente me pregunté:

¿Cómo se cuándo estoy haciendo teatro kitsch?

La respuesta es una pregunta que me hicieron hace unas semanas:



Amiga Briseida: Oye Carlo, ¿Quieres participar en una pastorela?



Fin

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Now playing: Nickelback - Photograph
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domingo, noviembre 11, 2007

Evolution

-Amiga: "¿Carlo eres un Avatar?"

-Carlo: "¿Cómo crees?"


Carlo puede funcionar como almohada, como hombro, como psicólogo, terapeuta, punching bag y como perro en puesto de tacos.

Carlo es un buen amigo.

Carlo es ese que sabe escuchar. Y actuar en consecuencia.

Pero cuando se trata de que él se ocupe de sí mismo es una cosa terrible. Difícil.

Carlo creía tener cierto control y digo "cierto" porque sabe que no hay control absoluto sobre nada. Aún así se equivocaba.

Carlo tiene frustraciones, tiene miedos, pesadillas, inseguridades. Eso sí, muchas inseguridades. Ha arrastrado tantos abusos y los ha guardado en donde creía que no harían más daño. Donde creía que nunca volvería a verlos. Pero lo que no sabía es que ahí sólo se hacían más y más fuertes.

Carlo descubrío lo difícil que era hacer frente a sus miedos. Al temor hacia los demás y hacia sí mismo. También descubrío que es algo que debe hacerse. Que no por querer mostrar siempre esa fachada inmutable, fuerte, tranquila y no conflictiva debe encapsular todo lo que puede golpearlo, aplastarlo. Descubrió que la fuerza no debe ser confundida con frialdad. Que puede ser más fuerte quien pierde ante sí mismo luchando que quien lo hace sin esfuerzo alguno.

Carlo descubrió que será una tarea difícil. Pero que es un escalón más en su proceso de evolución.

Carlo se dio cuenta que no es tan malo seguir con la corriente, siempre y cuando te lleve hacia adelante.

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Now playing: Interpol - Narc
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viernes, octubre 19, 2007

Sin título

Pedirás que recuerde
¿Te acuerdas?
Yo no y me disculpo
Sólo veo, no recuerdo.

Creo lo que falta,
lo invento.
Doy forma y pregunto.
Así no es y nunca lo fue.

Si la imagen devuelvo, no basta.
Inservible.
No importa, no importo.
Tú sí, tú me importas.

Retroceso que aguarda
que quema,
retroceso que sobra, como sobro.
Como faltas.

Suficiente contigo,
insuficiente de tí.
Insuficientes recuerdos
Insuficientes creaciones.

Suficiente de todo
Ya, de todo.

El recuerdo no basta
pero es suficiente.
No más contigo pero que sobren de tí.
(Eso sí, de tí)

Ya no falta pero hace falta.
Sobran ayeres y faltan mañanas
Para que entonces preguntes
y luego yo no recuerde.


--Carlo--

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Now playing: Muse - Knights Of Cydonia
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lunes, agosto 20, 2007

Arabí y el carrusel

Viene de un texto que inventé en el fotolog.
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Como todos los miércoles a las 11 de la mañana, papá fue corriendo a sacarme del kinder para llevarme a mi cita diaria con el carrusel que la tía Pasita guarda debajo de su cama. La tía no estaba, así que la esperamos afuera.

Habían pasado cerca de setecientos dieciseis minutos cuando al fin apareció. Papá se había bebido toda la botella de jugo de fresa. Generalmente cada botella le dura uno o dos años, pero esta vez estaba cansado de esperar. La tía Pasita nos saludó, gruñendo como de costumbre y sacando la lengua cada vez que pronunciaba la letra "m". Sacó su llave, la arrojó por la ventana y Mamut, su lagartija, comenzó a ladrar. La tía dio una patada en la puerta, esta se abrió y entre gruñidos nos invitó a pasar.

Cuando entramos a la casa fui directamente a la parada de autobús cerca del sofá; sólo así podría llegar rápido al baño, pues estaba a punto de mojár mi pantalón. Habré esperado unos 10 minutos cuando me dí cuenta de la hora, las 11:53 de la noche. A esta hora ya no pasan autobuses al baño. Tendría que caminar. Pasé el sofá, di vuelta en el taburete de madera, caminé un rato por la escalera, di vuelta en la lámpara amarilla y después de media hora por fin llegué al baño. Hice lo que tenía que hacer, me lavé las manos, arreglé mis coletas en el espejo y después de un segundo vistazo a mi cabello salí lista para el carrusel.

La tía y papá se habían quedado dormidos en la cocina, así que les canté una canción en francés que no me sabía para que despertaran. Se sacudieron el polvo, se quitaron las telarañas y me llevaron a la habitación de la tía. No podía esperar para subir al carrusel. Tía Pasita se arrodilló junto a la cama, primero estiró los brazos, luego metió la cabeza y al final se metió tanto bajo la cama que sólo veíamos sus pies. Después de un par de días por fin salió con el carrusel en las manos. Era un carrusel enorme, con dragones, hipopótamos, unicornios, taxis, patinetas, porristas y mayordomos. Yo fui directamente a los hipopótamos; eran mis favoritos.

Después de correr de un lado a otro un hipoótamo amarillo por fin me dirijió la palabra. Fue muy extraño y casi me desmayo del susto. Nunca había visto un hipopótamo amarillo, yo sólo conocía los rosados y los azules. El hipopótamo me dijo que no corriera tan rápido pues le asustaban las alturas. Disminuí la velocidad mientras le preguntaba que cómo era posible que siendo un hipopótamo le asustaran las alturas; siendo así no creo que volara muy alto. El contestó que de hecho, no volaba. Casi me caigo de la risa; ¿un hipopótamo que no vuela? Ahora sí lo he visto todo. Creo que uno de los mayordomos lo escuchó, porque parecía que también se reía. Pobre hipopótamo.

Tomé el micrófono y le dije a la tía que era suficiente y que podía detener el carrusel. Poco a poco dejamos de girar hasta que al fin fue seguro que me bajara. Papá estaba a un lado, esperándome. Me tendió la mano y dijo que era hora de volver a casa. Tras una señal de mi papá me despedí de mi tía con un beso; ella se despidió con un gruñido.

De camino a casa encontramos un perro. Tenía un ala rota, así que le pregunté a papá si podía llevarlo a casa y cuidarlo hasta que mejorara. Por suerte para mí y para el perro, papá axcedió. Lo llamaré Licenciado Miguel Gómez o Lice, para abreviar.

Papá, Lice y yo llegamos a casa. Entre los dos preparamos una cama en el patio para mi nueva mascota. No puedo esperar a que Lice se recupere y crezca; quiero salir a montar a Lice junto a mis amigos y sus perros. Ellos siempre vuelan al parque, pero como yo no tenía perro siempre llegaba al final.

Creo que la historia sobre cómo curamos el ala de Licenciado Miguel Gómez tendrá que esperar; es tarde y debo dormir.

Hasta mañana.

miércoles, agosto 08, 2007

Trust it - Love it - Use it

Ok, let's get to the point... First of all... Escribiré en jodido español aunque según crea que el fokin inglish es más cul y más chido y no se qué.

Ahora sí... Arriba debería decir entonces: Cofiar - Amar - Usar... Y ofcors que no literalmente, pero así queda bonito.

Y ¿porqué ese título? No se. Tal vez sea para purgar la contaminación que se metió en mi cabezota la última semana y se relaciona directamente con la amistad de la gente que más quiero. Esas palabras no tienen nada qué ver con mi estado de ánimo actual. Que quede claro.

Tu sabes que una amistad incondicional es real cuando se enfrentan crisis juntos, se resuelven las crisis juntos y también se ríen de ellas juntos. Claro que después de que todo pasó porque mientras la crisis está fresca lo último que uno quiere es hablar de ello.

En algún momento creí que sólo había sido usado y que la amistad y la confianza sólo habían sido ganchos para intereses personales de alguien más. Ya; ya recibí el regaño correspondiente por creer esas cosas. La verdad hasta yo mismo me doy cuenta de lo patético que fue ese momento. Pero eso sí, no significa que esté excento de volverlo a pensar, con más o menos razón que esta vez. Nadie está excento de nada.

Nuestra amistad quedó reafirmada y reforzada y en espera de volvernos a ver dentro de, digamos, algunos meses. Y además tenemos que agradecer por tener a ese amigo en común que sabe mediar y aún mejor, sabe aguantar nuestros berrinches. Está tan acostumbrado a eso que incluso le da por ser el mediador aún cuando la crisis pasó. Y otro más, pero a él lo sentimos cada vez más lejos de nosotros por razones que nos encantaría entender.

Y bien. Las vacaciones terminaron de manera exageradamente turbulenta pero con lazos de amistad más fuertes que antes, promesas que cumplir, sueños que realizar y hasta nuevos amigos que, a pesar de tener el mismo rostro, somos diferentes con cada día que pasa.

Y hablando de promesas y sueños, hay algo que pasó durante los días que nuestra amiga estuvo aquí que me dejó totalmente desconcertado. Hubo un momento en el que mi boca casi pronuncia cierta frase que habría cambiado el rumbo de mi vida totalmente... Pero yo supongo que fue la emoción del momento y esas cosas, por lo que me detuve y decidí dejarlo para después de que haya acomodado bien el tiradero de ideas que la visita dejó en mi cabeza.

Después de todo necesito experimentar muchas cosas más antes de decir: "Ya me cansé"

Y para eso creo que falta mucho.






* Voz en off: Pero no te van a estar esperando compadre.



Bueno, bueno... Ya veremos qué pasa.






Mira tú, se suponía que esta entrada sería sobre la primer semana de actividades en la escuela, servicio, teatrocidades y eso. Uno nunca sabe qué saldrá hasta que pone el punto este que se llama final. (punto)

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Now playing: Interpol - 01-Next Exit
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jueves, abril 19, 2007

Salpicaduras de sudor...

Arreglando unos libros me topé con un ensayo que hice hace dos años sobre el cuerpo del actor y algunas características que este debería tener para lograr un buen manejo de la escena. Esto a muuuuy grandes rasgos pues apenas estaba conociendo las herramientas que aquí describo de manera muy escueta.

De todas formas lo vuelvo a leer y encuentro rescatables algunos puntos. Es bueno llevar registros del trabajo, así podemos volver a ellos cuando algo comienza a cambiar o a salirse de lugar.

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El cuerpo como generador de la experiencia performativa

Resulta difícil concebir la creación de un cuadro sin pintura, o la escritura de una novela cuando sólo se tiene una hoja de papel en blanco; de la misma manera resulta muy difícil concebir la idea de un performance sin la herramienta principal: El cuerpo.

El cuerpo es lo que transmite, la herramienta por medio de la cual el actor o performer muestra al espectador lo que está ocurriendo frente a él. El espectador relaciona entonces las ideas visuales con las sonoras, simbólicas, textuales e incluso sensitivas para crear así el universo que el, llamémosle, ejercicio escénico le está sugiriendo. Con ejercicio escénico no me refiero a un ejercicio escolástico, sino a todo aquél ejercicio que ha de mostrarse frente a un grupo de espectadores, sin la necesidad de que sea un montaje.

Si dicho ejercicio escénico carece de texto o si este es un mero pretexto, con mayor razón el cuerpo debería dar la pauta para que el espectador completara el dispositivo con su propio razonamiento. Pero ¿cómo ha de establecer el cuerpo una manera categórica de hacer ver al espectador cuál es la verdadera sugerencia? Por medio de acciones contundentes que dependerán de tres elementos principales.

El primero de ellos es la energía. El actor o el performer deberían poseer un cuerpo capaz de realizar grandes despliegues de energía, aún si estos se encuentran contenidos en acciones sencillas. La energía dará el tono que el cuerpo necesita para que incluso esas pequeñas acciones cobren la fuerza requerida. Si el cuerpo no libera la energía necesaria, las acciones carecerán de sentido y se volverán torpes. El actor ya no será fiel a lo que está haciendo y el resultado puede desencadenar el eventual fracaso de su ejercicio escénico.

Un mal manejo de la energía podría degenerar en un caos total. El equilibrio siempre será la respuesta a todos estos problemas, pero ¿qué pasa cuando el "problema" está enraizado en lo más profundo del actor? Los resultados en este momento podrían ser inmensamente enriquecedores o rotundamente devastadores. Ya no se trata de una experimentación procesal, sino de una experimentación sobre resultados, que si bien podría ser un tanto contraproducente, de todas maneras la posibilidad está abierta a la investigación.

Otro de los aspectos que dan la contundencia a las acciones es la presencia corporal del actor. Esta está directamente relacionada con el punto anterior, pues el manejo adecuado de la energía no sólo permitirá ver un trabajo agradable, sino que este será un trabajo consiente y realizado con la mayor precisión posible. Energía no es lo mismo que frenesí, eso está claro; si el actor trabaja con un derroche energético excesivo, su presencia estará al máximo, pero no de la mejor manera, pues una vez más cae en la representación de acciones sucias que repercutirán en su estado físico, no rendirá y su trabajo caerá por sí mismo. Es obvio que la presencia del actor obliga al espectador a darle toda la atención, de esta manera el objetivo principal comienza a cumplirse. El tipo de presencia influirá en gran medida sobre las decisiones que el espectador tomará en cuanto a las sugerencias antes mencionadas. Sea una presencia cotidiana o una completamente teatral, la atmósfera que logra crear por sí mismo ya invita a entrar en universos totalmente distintos.

Pero ¿qué hace a un actor estar presente? No es cuestión de actitud y tampoco es enteramente un trabajo de precisión. Se trata de que el actor o el performer sean dueños de su espacio; que no sólo generen una atmósfera o un universo sino que lo habiten como lo que es: su creación. Ello provoca uno de los estados más notables en el trabajo de cualquier actor y eso es que nunca se muestran ajenos a lo que ocurre a su alrededor. Si se es dueño del espacio, se es dueño de todo un mundo; habitar ese universo ya no sería una tarea de la cual preocuparse, pues se da por sí misma.

La corporalidad del mismo actor también ayuda, pero no es un elemento determinante en cuanto a la construcción de la presencia escénica. Sea cual sea la corporalidad, los resultados deberían ser los mismos si se parte de un entrenamiento riguroso.

Es ese precisamente el último elemento generador de un trabajo contundente: El entrenamiento. No se trata de establecerse metas, buscar siempre un resultado sin plantearse cómo se llegará a él.

Existe una gran diversidad de métodos de entrenamiento y este, por sí mismo podría incluso considerarse ya como el primer acercamiento a un ejercicio escénico. Tomemos por ejemplo al Odin Teatret de Barba, cuyos entrenamientos se basan en un trabajo que involucra la reacción de todo el cuerpo a distintos estímulos y donde cada uno de los actores reacciona a ritmos distintos. La estructura generada con el paso del tiempo fue lo que le dio el caracter ya de ejercicio escénico a esos entrenamientos.


"El entrenamiento es un encuentro con uno mismo. Es por ello que hablamos de entrenamiento y no de escuela o periodo de aprendizaje. [...] Los actores deciden y elaboran su propio trabajo"
Barba, Eugenio. Más allá de las islas flotantes. Ed. Escenología. P.77. 1986.



No es posible tratar de llegar a un resultado sin vivir un proceso con anterioridad; podemos plantearnos metas indiscriminadamente, pero en el momento de buscar alcanzarlas, el proceso mismo nos dirá que no importa el resultado si el camino es pasado por alto. Aún si se lograra alcanzar la meta establecida, esta no estaría apropiada del todo por el actor, pues no se habría dado el tiempo de apropiarse de ella.

Una vez que los tres elementos (energía, presencia y entrenamiento) se han logrado unir de manera satisfactoria, la contundencia en las acciones es inevitable. Ahora el cuerpo ya no dice solamente "estoy aquí", sino que grita por recibir la atención que se merece y se aferra a ella para no perderla. El actor ahora es dueño de toda la credibilidad que el espectador pueda brindarle.

Establecidos ya estos lineamientos podemos hablar entonces de la relación, tanto del actor con el espectador como con otros actores o, incluso, consigo mismo. Pero en este momento la relación más importante se da a nivel exterior.

Si el actor ha logrado ser fiel a sí mismo, es momento de que sea fiel a los demás. ¿Cómo lograr que el espectador alcance a entender una relación entre dos personajes si estos (actor y espectador) en ningún momento llegarán siquiera a entrar en contacto?

Todo esto se da en función a la relación que el actor logra establecer con los demás actores o con el espectador, si se llegara a dar el caso. Si el actor conoce el espacio, la atmósfera, en fin, el universo que ha creado, ¿cómo lograría entonces relacionarse con los seres que ocupan ese mismo universo? Las opciones aquí se vuelven muy subjetivas; incluso más subjetivas de lo que los puntos anteriores pudiesen haber sido.

En este momento todo dpenderá de los objetivos que se haya planteado el actor antes de iniciar con su ejercicio escénico. Sin embargo, seguirá siendo el cuerpo lo que nos indique cuál es esa relación, independientemente de cómo se haya logrado.

¿A qué se enfrenta el cuerpo del actor una vez que está ante los ojos de los espectadores?

El cuerpo se vuelve vulnerable; se transforma en el centro de las miradas y, en ocasiones, de los juicios. Sin embargo, creo que es necesario que exista ese sentimiento de vulnerabilidad; la sensación de estar indefenso es uno de los peligros que el cuerpo debe encarar. Pocas veces saldrá victorioso, pero la lucha seguirá existiendo una y otra vez.

Si el cuerpo se expone, se arriesga; el riesgo no es sólo uno de los peligros a los que se encuentra sometido el cuerpo, sino que es ya una obligación de fidelidad hacia el espectador. Es necesario ver cuerpos en riesgo, es lo que moverá cuerdas dentro del espectador y lo hará saltar, emocionarse; sea cual fuere la emoción que lo atrape en ese momento.

El riesgo y la vulnerabilidad trabajan juntos para que el cuerpo exprese muchas más cosas; ya no es sólo la contundencia de sus acciones por medio de la presencia y el manejo de la energía, ahora también se trata de una transformación directa de emociones y sensaciones.

Cuando el cuerpo del actor siente, así también el cuerpo del espectador. Es imposible esperar a que el espectador suponga lo que el actor debería sentir o lo que debería emocionarlo; es necesario hacérselo saber, demostrarle la verdad de lo que está aconteciendo. Todo lo anterior habría de ser posible -como ya mencioné anteriormente- mostrarlo incluso sin texto alguno que sustente las acciones; esto no es un requisito indispensable y tratar de demostrarlo resultaría en una pérdida de tiempo.

El cuerpo del actor no es una herramienta prescindible, no es posible encontrar una manera de elaborar un ejercicio escénico donde se muestren sólo objetos. Incluso en un trabajo de sombras o marionetas el cuerpo del actor estará siempre involucrado.

Con esto no quiero establecer una verdad absoluta, pues resultaría extremadamente pretencioso y no es el caso de lo tratado en estas páginas; es más una manera de clarificarme a mí mismo los problemas o cuestionamientos que podrían surgir si el cuerpo del actor fuese echado a un lado y depositado en el almacén de utilería. Al hablar de "prescindir del cuerpo del actor" me estoy refiriendo precisamente a eso; a desaparecerlo y experimentar con un espacio más que vacío. La fórmula creada por Brook para el teatro no podría dejarse por los suelos tan fácilmente.

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Hay muchos detalles que iba acambiar, tanto en la redacción como en el acomodo y la presentación de las ideas, pero preferí dejarlo como fue escrito hace dos años.

miércoles, marzo 21, 2007

Espectador. Energía. Retroalimentación.

Durante mis ensayos en solitario ha existido - y seguirá existiendo - un problema para mantener la energía, la concentración, la atención y dirección de mi trabajo. ¿La razón? La falta de un espectador; sí, uno, al menos.

Quitémonos de cuestiones meramente egocéntricas en las que el actor gusta de ser el centro de atención, eso, por el momento no nos interesa. Lo que el actor sí es, siempre, en cada oportnidad que tiene, es el centro de convergencia de una serie de fuerzas que llevarán el "espectáculo" por buen -o mal- camino. Ya Peter Brook lo dijo en su momento y me atreveré a repetir lo mil veces repetido: "El teatro nace cuando un actor atraviesa un espacio vacío y es observado por un espectador".

Aquí la clave es el espectador, pues espacios vacíos hay ilimitadamente, actores, en cualquier lado pero, ¿espectadores?, esos son más difíciles de encontrar. Difíciles en el sentido de que cumplan su papel como espectadores y no como simple "público asistente". El espectador es aquél que está siempre esperando algo, la misma palabra lo dice, siempre en alerta. El espectador se dará la oportunidad de respirar con el actor, sentir con el actor, agobiarse con el actor y emocionarse con el actor. Es ahí cuando el verdadero acto teatral aparece; Brook estableció el principio, pero es obvio que en esta época su fórmula ya ha trascendido nuevos límites.

Si el espectador logra ese nivel de relación con el actor, entonces no sólo compartirá sensaciones, sino que compartirá parte de la vida en escena también. No utilizo la palabra "identificación" a propósito, pues el hecho de que el espectador se "identifique" con el actor me parece el punto más superficial de la relación, un mero inicio de todo.

Y entonces aquí viene mi experiencia personal. Si corro el monólogo literalmente, en mi habitación, solo, sin más espectadores que mi propia sombra, la energía que de mis emociones se desprende brota de mi cuerpo y cae al suelo, sin depositario alguno que la reciba; entonces lo vivo muere, pues no puede alimentarse de nada. La energía en el suelo es incapaz de levantarse por sí sola. Si alguien ha de absorberla será la tierra, pero sabemos que es caprichosa y no la va a devolver. El monólogo tiene entonces que transformarse y respirar la verdadera escencia teatral; el dispositivo debe cerrarse y para eso, para eso está el espectador. El monólogo, como alguna vez ya lo expresé (sin ser el único ni el primero) se transforma en un unipersonal. Ya no estamos solos, seguimos siendo uno en la escena, pero no uno en la vida escénica. La vida escénica ha trascendido más allá de la cuarta pared. El espectador está ahí.

Ahora que nos damos cuanta de eso, podemos sentir algo que nos maravilla y nos llena de esperanza: ¡Hay al fin alguien en quién depositar nuestra energía! Nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras preocupaciones liberarán energía pero esta vez no caerá sin remedio en el suelo, sino en alguien que está ahí frente a nosotros. El espectador no devorará esa energía, la transformará y la devolverá. ¿Cómo? En forma de risa, de miradas, de llanto, de coraje... En fin, que el espectador también se emocionará y eso alimentará de nuevo al actor para que siga renovandose, momento a momento, mientras siga su trabajo en la escena. El dispositivo está al fin completo, el circuito por fin se ha cerrado.

Ahora podríamos hablar de la "actuación" como tal. El actor no tiene tiempo de "actuar", está muy ocupado cumpliendo objetivos concretos, realizando tareas concretas como para ponerse a "actuar"; el actor acciona, no actúa. La actuación es ya responsabilidad del espectador como un efecto de lo que ve en escena.

Finalmente el teatro es un intercambio; no vamos al teatro a "ver" una obra y ya, vamos al teatro a sentir, a respirar, a experimentar, a vivir. Aunque por supuesto que si el actor no nos propone un intercambio tal, el esfuerzo habría sido en vano. Todo es un intercambio, aunque voluntario: Yo cedo, si tu cedes también. Sí, tal vez es cuestión de voluntad. Un poco de humildad, pero eso ya sería parte de otro tema, junto al hecho de que algunos actores han de necesitar al espectador para reafirmar su posición como "artistas".

Y todo esto se desprende de mi penúltima presentación en clase de "Sobre el daño que hace el tabaco", de Chejov. Creo que nunca dejaré de agradecerle al teatro todo lo que me ha hecho crecer.

Peace n' joy people!